Sobre la esclavitud en la Antigua Roma

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·03/31/2015

Cuando empecé a estudiar historia siempre me sorprendió el tema de la esclavitud. Diferentes películas la retratan de una forma u otra, pero los libros, las cartas, los ensayos de los antiguos próceres e historiadores hablan de otra realidad. La esclavitud es un episodio negro de nuestro periplo como seres. Aunque comparemos la esclavitud en la época de la Antigua Roma con una supuesta esclavitud actual en realidad no hay comparación alguna. Ser esclavo de una hipoteca o de un trabajo mal pago no es lo mismo que ser esclavo en la época de la fundación de la ciudad, es más, estoy seguro que muchos esclavos hubieran preferido eso a lo que solían vivir. Y para refutar esta comparación escribo esta entrada en el blog detallando los aspectos más curiosos de la materia.

Aunque parezca paradójico, Roma fue fundada con gran parte de esclavos. De hecho, la banda de Rómulo y Remo estaba compuesta de campesinos gamberros y gente de dudosa procedencia. Todos convertidos en ladrones que robaban a ladrones, principalmente. Cuando tuvieron un poco de popularidad y fundaron Roma, una avalancha de gentes se les unieron. Habían nobles, campesinos, guerreros y también esclavos de varias zonas aledañas a Roma1. Toda esa masa de gente masculina fue organizada y Rómulo otorgó la ciudadanía a todos aquellos que querían ser parte de esa ciudad. Es insólito esto porque en aquella época nadie se hubiera arriesgado a irse a otra ciudad que no estuviera ya fortificada y desarrollada. Era un suicidio, básicamente. Y con toda probabilidad es posible que ésta fuera la razón principal por la cual Rómulo aceptara a quien fuere a ser partícipe de su sueño: crear una ciudad, su mundo. Sólo les faltaban las mujeres con las que procrear, claro, pero esa es otra historia.

Aquellos masculinos que fueron identificados como cabecillas familiares, que fueron contados en 100, se les denominó patres2, y a sus descendientes, patricios. Para ser una ciudad fundada con hombres libres, la monarquía se instauró rápido, creando diferentes estratos de ciudadanos: los más pudientes, los menos pudientes y los esclavizados. Estos esclavizados partían en general de varias situaciones, es difícil especificar cómo, pero los historiadores acuerdan que el sistema clientelar que usaban los romanos era uno de los conductores principales para volverse en cierta forma, esclavo de alguien. Aún con este sistema, los esclavos de los primeros días de la fundación de la ciudad vivían mejor y más a gusto que los del final de la República. Para el reinado de Servio Tulio (que encima era hijo de una esclava), comprendido entre los años 578 a. C. hasta el 534 a. C., los esclavos disfrutaban de un buen trato en general y poseían algunos derechos, que sólo podían aplicarse dentro de los límites de la casa donde vivían. También a los esclavos se les permitía participar de los Compitalia, una festividad que les garantizaba poder disfrutar un día como hombres libres para no enojar a los dioses3, e incluso vestir la toga praetexta otorgada, no por su amo sino por un magistrado municipal, pero éste derecho, al igual que otros de carácter religioso eran ignorados según qué patrón tuviesen.

La respuesta a este simbiótico fenómeno puede ser más simple de lo que parece: en los comienzos los casos de esclavitud estaban relacionados con la nulidad de las deudas, con salir de la pobreza, entregándose al servicio de la familia, o bien por acogida de pueblos que no tenían donde ir por las guerras libradas en otros estados latinos o etruscos. Las familias romanas adoptaban así a centenares de personas que pasaban a ser parte del círculo íntimo, adoptando nombres y hasta apellidos romanos, teniendo incluso la responsabilidad de muchos asuntos religiosos. Pero esto se corrompió en un abrir y cerrar de ojos en la época de La República (509 a. C. a 1 d. C.). La maquinaria de guerra hizo disparar la población esclava, que ya no eran de pueblos hostigados por otros enemigos sino, por el propio Pueblo Romano. Se subastaban esclavos como se subastan hoy cosas en eBay. Ya no era un tema de adopción, de acogimiento, de beneficio mútuo sino de placer. Comprar gente para hacer lo que plazca. Fue por esto que los esclavos, en su mayoría, eran gentes resentidas, propensas a la rebelión, por lo tanto, la relación patrón-esclavo era más violenta, cruel como se retratan en los espectáculos de televisión y, aquellos ancestrales derechos divinos fueron desapareciendo e, incluso, ante la opinión de los más prestigiosos romanos de la época, como Marco Tulio Cicerón. También queda patente el uso que se les dió a los esclavos, que en un principio atendían tareas hogareñas simples, humildes y pasaron a realizar todo tipo de tarea forzada o denigrantes, hasta el punto que se perdían los valores romanos que caracterizaban la virtus, haciendo que éstos ciudadanos dejaran el trabajo por el triclinio y la silla del caballo en el campo de batalla, dejando el resto de quehaceres a los esclavos. Esta osciosidad hizo que el trato hacia los esclavos fuere empeorando, hasta el punto del ridículo total. Sólo recién hasta bien entrado el Imperio Romano que los esclavos pudieron volver a disfrutar de algunos derechos, gracias al auge del cristianismo.

Siempre ha sido cruel este asunto que, para empezar a hacernos una idea de que era un esclavo en aquellos días de La República, hay que tener en cuenta que, en primer lugar, ya no eran considerados humanos, sino “cosas”. Los esclavos eran considerados meros objetos, como si fueran electrodomésticos de la época o como gasolina para la economía romana («carne de cañón»), los cuales no tenían absoluto derecho y podían ser vendidos, cambiados, regalados y, destruidos4, si su dueño lo consideraba. Un esclavo ganaba algunos derechos, sólo al ser manumitido, o sea, puesto en libertad por su amo y es sólo ahí cuando éste podía ser considerado un ser humano, inferior, por supuesto, ante los ojos de los orgullosos romanos. Cualquier especie de derecho o privilegio era otorgado por el propietario del esclavo. Desde la opción de poder pagarse su libertad, vestirse a gusto, permiso para fornicar o descansar. Todo dependía, claro está, de la benevolencia del propietario.

Entrada al club

La forma más probable de convertirte en esclavo era siendo parte de un botín de guerra. Recordemos que Roma como tal, fue un imperio expansionista basado sólo en la constante guerra. Su maquinaria de expansión eran las mismas legiones y éstas no sólo proveían al imperio de tranquilidad sino de constante recursos. A medida que conquistaban, esclavizaban. La mayoría de los esclavos eran ciudadanos de poblaciones o grandes ciudades, pero también se esclavizaban muchos piratas. Para la época de la fundación de La República (Año 509 a.C.), el mar estaba infestado de piratas y esta situación se mantuvo incluso hasta casi unos pocos años despues de la república. Los piratas, en su mayoría de origen griego, siempre estaban dando por culo a los romanos y sólo apenas los cartaginenses les hacían frente. Poco a poco Roma fue creciendo y dominando los mares. Cuando esto comenzó, todos los piratas capturados eran automáticamente vendidos como esclavos o ejecutados, dependiendo su edad, estado de salud, etc.

Una vez Roma derrotaba al ejército que luchaba por la ciudad a la que pertenecías, venían los legionarios y realizan el famoso saqueo. Esta práctica formaba parte del Derecho de Guerras y comprendía de una extensa cantidad de eventos, que iban desde la muerte de todo ser que se opusiera o resistiera de forma armada ante la legión, como la de violaciones y hasta el pillaje. Era un evento muy feo y que al final se saldaba con el desmantelamiento de pueblos enteros. Si tenías la suerte de que no te mataran porque eras muy viejo o te vieran enfermo, tu destino lo echaban a unos pocos factores. Para empezar, si eras guerrero o noble, buscaban la forma de pedir rescate. Las ciudades acostumbraban a pagar rescates por nobles guerreros, miles de ases y monedas de oro dependiendo el rango del reo, pero si nadie daba un duro por ti, te llevaban encadenado hasta tu destino que era un mercado de esclavos.

Pero el calvario aquí no termina. Si eras de una población lejana, te esperaba un duro y largo trayecto de ida. En general, viajarías en las peores condiciones y con suerte, te morías antes de llegar a destino. Desde tener que convivir con otros esclavos enfermos, falta de alimento y los abusos de los primeros intermediarios, uno podía esperar sólo una cosa de esto: llegar rápido y ser adquirido por alguien.

La siguiente forma común de volverse esclavo era la de contraer deudas y de esas que se volvían ya impagables. Muchos ciudadanos romanos y extranjeros entraron al club de la esclavitud por la institución de la usura. Muchos se quitaban la vida para evitar la deshonra de ser esclavo, pero muchos otros eran dominados por las ansias de vivir y se sometían al yugo de los usureros. Era muy común también vender hijos no deseados como esclavos, ya sea porque no podían ser mantenidos como por deseo expreso del paterfamilias. Una clara escena de ciudadanos romanos esclavizados se puede leer contada por el mismo Tito Livio:

Los hombres que estaban esclavizados por deudas y los que habían sido puestos en libertad corrían por todos lados, en la vía pública, e invocaban «la protección de los Quirites.» […] La multitud, a su alrededor, les mostró sus cadenas y otras marcas de la degradación. Éstos, dijeron, eran sus premios por haber servido a su país; recordaron sarcásticamente a los cónsules las campañas en las que habían combatido y les demandaban imperiosamente que se convocase al Senado.

Era una escena muy típica en los comienzos de la República, viendo acreedores aprehendiendo a deudores en los foros o en sus propias casas. Nadie se salvaba de estas situaciones, salvo los patricios, claro.


La otra forma de forma más común era nacer de un esclavo. Y aquí la ley romana era clara: no importaba el padre, si éste era patricio o plebeyo y preñaba a una esclava, su hijo/a nacería esclavo. Era algo común y lo que ocurría cuando esto pasaba eran dos cosas: o se vendía al menor o se lo mantenía. Es muy posible que esclavos preñaran a varias matronas romanas y líneas familiares enteras hayan sido formadas por esclavos, pero es un dato muy difícil de comprobar hoy en día. Es muy posible que éstos lo hicieran con consentimiento del paterfamilias como en secreto o bien por adulterio.

Un suceso de este tipo ocurrió en el Decenvirato que vivió la ciudad. Apio Claudio, un noble patricio, era el decenviro más poderoso e influyente de Roma. Estaba enamorado de una bella plebeya, pero ni con su nombre, poder y regalos podía persuadirla. Ella estaba enamorada y prometida a otro plebeyo. Como no pudo tenerla, urdió un plan muy macabro: usó uno de sus clientes para soltar una acusación sobre la virgen plebeya cuando ésta iba a una de las escuelas de gramática en el foro. El secuaz del decenviro la agarró y manifestó que ella era hija de un esclavo suyo, y ella misma esclava. Ya que el padre no estaba en la ciudad, el decenviro aprovechó para juzgarla sin defensa, lo cual le facilitaba los planes, pero le duró poco porque su prometido fue en busca de su padre: Lucio Verginio, un respetado soldado romano. Cuando el día del juicio llegó, Apio Claudio hizo de juez y verdugo, condenando a la muchacha a volver con su nuevo amo. Viendo que no había forma de salida, el padre pidió a Apio Claudio una oportunidad de hablar con su supuesta hija y la matrona antes de que ésta se fuera. El desconsolado padre llevó a la niña hasta una tienda a pocos pasos donde se realizaba el juicio. La tienda era una carnicería, y en este mismo lugar cogió un cuchillo y mató a su propia hija mientras le pedía perdón. El padre prefirió verla muerta que deshonrada como esclava.

Identidad de un esclavo

Si uno iba caminando por el Foro y se detenía en una tabernae (un bar de la época) a mirar a la gente pasar mientras se tomaba un vinito por uno o dos ases, reconocer a los esclavos en plena vía no le era muy difícil. Era más bien… muy fácil. Habían muchas formas características que delataban a una persona como esclava. Para empezar y, quizás, la más característica, era que no vestían la toga. Ningún esclavo podía vestir toga, salvo en la Compitalia. El esclavo usaba ropas adecuadas para su labor, sólo eso. Túnicas cortas, de la peor tela. Aquellos esclavos que trabajaban en labores forzadas, solían vestir bien ligero, se les podía ver el sudor en la piel. Aquellos que desempeñaban como mano derecha del patrón, iban con túnicas más adecuadas. Los gladiadores, que también eran esclavos, eran los únicos con ciertos privilegios de vestir con ropas vistosas o adornos dada su popularidad, pero saliendo de esto, el panorama de moda y lujo era más bien decadente.

La segunda característica y, que era bastante importante, es que llevaban un collar a la vista de todos. Si veías alguien con un collar con una placa, era un esclavo. Si el collar era liviano, y la placa de bronce o cobre, era un esclavo importante. Llevaba en esta placa su nombre, en grande, romanizado o simplemente una frase que indicaba que era un esclavo de alguien. Si el esclavo llevaba un collar soldado de acero, era un esclavo de bajo de nivel, ex fugitivo con toda probabilidad. Estos collares, además de pesados para la carga, eran una señal clara de que ese esclavo no estaba bien domesticado y probablemente era un incordio. Frases como «Soy propiedad de Marco Craso» eran las más suaves, pero la cosa se ponía más dura a veces, como esta del 406 a. C. que se puede incluso ver en el Museo Nacional en las Termas de Diocleciano en Italia: «He huido; reténgame. Cuando me haya devuelto a mi maestro, Zoninus, usted recibirá una moneda de oro» que por supuesto sólo se llegaba a eso si eras un esclavo rebelde, y que vivía siempre encerrado en casa.

Ya que hablamos de la característica del collar, cabe destacar también el tema del nombre. Todo el mundo tiene uno, pero los esclavos no tenían porqué. En la época monárquica, los esclavos eran llamados «siervos». En la época republicana el nombre siervo cayó en desuso y el término despectivo «puer» (esclavo) se volvió más popular. No era algo anormal carecer de nombres. Un romano rico, tenía más de 10 o 20 esclavos hasta cientos, incluso, simplemente les llamaba a todos por el nombre de «esclavo». Ya en la tardía República, la palabra «chico», «niña» también era común. Aquellos esclavos que eran más íntimos del patrón de casa se les llamaba por un nombre. Hay nombres de esclavos famosos, por ejemplo, Tiro, esclavo de Marco Tulio Cicerón fue un esclavo famoso. ¿Pero qué ocurría si el esclavo era extrangero? Pues se le cambiaba el nombre a uno romano, o se le romanizaba el nombre o bien se les ponían motes burlezcos, denigrantes, cosas como cara de cerdo, joroba, verruga eran igual de comunes.

La vida de un esclavo

Para comenzar, los esclavos comenzaban el día primero que cualquier miembro de la familia y eran, como ya imaginan, los últimos en dormir. Habían esclavos que velaban por la noche y esclavos que se acostaban antes que otros esclavos de la familia. La vida del esclavo estaba dedicada en vida a su amo, que en este caso era el paterfamilias, y luego al resto de los miembros de la casa. Si la familia era rica, disponían de varios esclavos, uno por miembro o más de uno si eran muy ricos.

A la hora prima (el amanecer), el esclavo más importante de la casa ya estaba despierto y organizando al resto de esclavos en las tareas del día. En una casa romana podía haber entre 4 hasta 20 esclavos pululando por toda la domus. Estaban los más importantes esclavos, en general, escribas, secretarios y los esclavos floreros, o sea, aquellos que estaban de decoración listos para asistir a su amo y a sus invitados realizando tareas tan denigrantes como el llevar la cubiculum olla5 para que alguien orine. El esclavo principal y sus asistentes comenzaba despertando a sus patrones y procedía a ayudarles a vestirse mientras les instruía en las tareas del día que tenían agendadas. También les ponían al corriente de los rumores de la ciudad, de lo que otros esclavos murmuraban en las calles y de sucesos nocturnos de importancia para el maestro de la casa. La elección de la ropa, peinado y el aseo era importante, ya que luego del Ientáculum (el desayuno) el señor de la casa comenzaba a atender a sus clientes. Esto era siempre realizado en ayuda de uno o varios esclavos, los que atendían las puertas de la casa y otros que atendían a determinados clientes. El esclavo más importante, era el asistente personal del patrón de casa. Era el que le indicaba los nombres de cada cliente, qué hacían y a qué venían. Era la versión de un secretario. Era el que normalmente fijaba los gastos, negociaba, incluso y hacía de interlocutor. Este tipo de esclavos por lo general eran manumitidos llegada una edad gracias a sus servicios, incluso recibían herencias cuando eso ocurría, dependiendo del grado de agrado que su antiguo patrón tuvo.

Si bien lo paradójico de vivir sirviendo a alguien y tolerando todo tipo de malos tratos e iras algunos esclavos se quitaban la vida junto con sus amos, otros en cambio huían a la primera de cambio, aún siendo tratados con ternura e interés. Una prueba de ello fue Dionisio, un esclavo de Cicerón. De Cicerón se pudo leer correspondencia en la cual se quejaba de un esclavo llamado Dionisio, que fue bien educado y lo suficiente como para haber supervisado la biblioteca personal del mismo Cicerón. Este esclavo, conociendo las historias de Tiro Cicerón acerca de Marco Tulio Cicerón no me cabe ninguna duda que debe haber sido bien tratado. Dionisio, de todos modos, se escapó. Cicerón usó toda su considerable influencia para encontrar al hombre, pero fue en vano: Dionisio se escabulló a través del Adriático.


Si el ser golpeado, tratado como una bestia, obligado a trabajar gratis, abusado sexualmente o, incluso, asesinado por sus dueños, no era suficiente, a veces el esclavo desarrollaba una especie de lazo con su domine (amo) que hacía de éste lo opuesto al odio. Estos casos se han dado a cientos en la historia de Roma. Nombres como Marco Tulio Tirón, ex exclavo de Marco Tulio Cicerón, al cual acompañó en toda su vida, de forma incondicional o Vindicius, el esclavo que alertó a los cónsules Bruto y Colatino de que habían conspiradores en Roma que querían aliarse con Tarquino El Soberbio, son algunos de los nombres de esclavos que ayudaron a desarrollar la república como tal.

  1. Tito Livio, Ad Urbe Condita, I, 8

  2. Padres, hombres que fundaron patria romana.

  3. Cicerón, De divinatione, I, 26

  4. Augusto, Res Gestae Divi Augusti, XXV

  5. Bacinilla de cobre, cerámica o metal para orinar o defecar.


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