The Checklist Manifesto: How to Get Things Right

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·04/28/2014

Cuando alguien entra a trabajar en Square, Jack Dorsey, el CEO de la empresa (también co-fundador de Twitter) saca a pasear al nuevo empleado por San Francisco para transmitirle su visión de cambiar y mejorar el mundo. A cada empleado se le da una caja negra, la que ellos denominan como el «paquete de bienvenida» (en inglés, welcome kit) en el que al abrirlo se puede leer un escueto panfleto:

  1. We start small.
  2. We collaborate in commons.
  3. We round the square.
  4. We craft the entire span in a breathtaking way.

Los anteriores 4 puntos representan el famoso The Four Corners of Square y seguido a este panfleto están una libreta de Field Notes (la cual también soy usuario), un lector de Square y un misterioso libro rojo. No es un libro cualquiera, ni tampoco es un libro elegido al azar o adecuado para determinado tipo de trabajador. Jack siempre regala el mismo libro a todo el mundo y se lo conoce como The Checklist Manifesto: How to Get Things Right.

Ni bien me enteré de este detalle que el jefe de Square regala este libro a cada empleado, decidí comprarlo en Amazon aprovechando la comodidad de mi Kindle. En cuestión de segundos estaba ya leyendo el libro.


El libro fue escrito por el señor Atul Gawande, un cirujano y periodista americano, autor de varios libros sobre medicina. Esta vez, Gawande comienza haciendo una clara y sorprendente distinción entre los errores, que son dos: aquellos que son por ignorancia (errores que cometemos porque no sabemos lo suficiente) y los errores por ineptitud (errores que hicimos porque no hacemos un uso adecuado de lo que sabemos). Hoy en día, este tipo de fracasos no se producen tanto por la ignorancia sino por lo segundo, la ineptitud, ofreciendo una sarta de ejemplos del campo de la medicina. Creo fervientemente que Gawande acierta en esto y basado en la evidencia que expone, aún más, porque es más fácil que un experimentado cirujano cometa un error por ineptitud que por ignorancia, ya sea porque es más fácil saltarse un paso, olvidarse de preguntar algo crítico o bien bajo determinado estrés no pueda planificar adecuadamente soluciones.

Lo que se necesita, empero, no es sólo que las personas que trabajan juntas sean amables entre ellas. Es disciplina.

Según escribe Gawande, la implementación de las listas nunca fue fácil. En los campos de la medicina los profesionales siempre vieron las listas de verificación con cierta reticencia y escepticismo: una mezcla de ego y miedo a la exposición de la propia ineptitud se interponía en el camino, pero el tiempo y las leyes cambiaron esto, reduciendo drásticamente el número de muertos pos-intervención quirúrgica y de accidentes aéreos.

La disciplina es difícil—más difícil que la honradez, la habilidad y tal vez incluso de abnegación. Somos por naturaleza criaturas imperfectas e inconstantes. Ni siquiera podemos evitar picar entre comidas. No estamos hechos para la disciplina. Estamos hechos para la novedad y la emoción, no por una cuidadosa atención a los detalles. La disciplina es algo que tenemos que trabajar.

Antes de leer este libro creía que las listas de verificación existían desde los tiempos de maricastaña, pero no: ¡las listas de verificación son cosa de hace pocos años! Y sobre todo en el campo de la medicina porque en el de la aviación, sin una escuela previa rigurosa como la de medicina, los pilotos requerían sí o sí de manuales para volar porque las máquinas eran terriblemente complicadas, sobre todo, en un ambiente de guerra y conflictos continuos como lo fueron en los Estados Unidos y en Inglaterra.


Este libro no te explica cómo hacer una lista de verificación para hacer un deploy a un servidor. Simplemente te explica la naturaleza de las listas y cómo aplicarlas. He de decir que además de sorprenderme con detalles y las historias de cómo las listas de verificación se implementaron en el mundo y el uso de las mismas me cambió la vida radicalmente.

A lo largo de mi carrera, cuando se han producido fallos nunca pude contener tanta frustración. Me dañaba terriblemente. No es una cuestión de ego, ni tampoco de inteligencia. Como explica el doctor Gawande, es la realización de la ineptitud la que te lleva a tomar medidas para evitar, con pragmatismo el uso de listas de comprobación. No me molesta que la gente lo vea como una medida «para tontos». Cada uno lo descubrirá también cuando le llegue el momento.

Lo mejor de este asunto, es que no hace falta aplicación alguna especializada en listas: un simple archivo de texto es suficiente para tener una. Yo tengo una carpeta con varios archivos que me ayudan a realizar determinadas tareas de mantenimiento que no quiero olvidar. Es abrir un archivo y leer los 10 o 15 puntos de verificación. Se va más rápido y se evitan errores.

Una buena lectura, para cualquier persona que quiera entender y empezar a aplicar disciplina en su quehacer diario.


Puedes disfrutar de otros artículos como éste en el archivo del sitio.