Quiénes conspiran contra los libros

Publicado un

No hay nada que me motive más a escribir que responder artículos publicados con argumentos o, mejor aun, teorías de conspiración totalmente sumidas en el estado paranoico sobre cualquier tema. Da la casualidad llevo un tiempo escribiendo sobre dos temas básicos de esta transición que estamos viviendo: el drama de los intermediarios y la inevitable muerte de los libros de papel. Dos temas sensibles y unidos de la mano. Y por otro lado, me asombra que en el periódico sólo den voz a aquellos que realmente no demuestran objetividad a la hora de hablar. Simplemente utilizan al periódico como abanico para su discurso anticuado sobre las virtudes del libro, la industria que lo mueve y los peligros que se avecinan si «alguien» no toma acción.

Algo de esto se llega a leer en La conspiración contra el libro (El País, 10/01/2013) en donde Juan Cruz nos plantea el Apocalipsis de los libros de la mano de, nada más y nada menos que: nosotros, las personas.

Seremos nosotros los que mataremos al libro porque «leemos menos» según el autor de la nota. El artículo desgrana la conspiración contra el libro al mejor estilo documental sobre el 11 de Septiembre. Me sorprende el hecho que lo quieran matar, al libro, claro, y justo como concepto me refiero. Me suena raro. Me hizo pensar automáticamente que esa situación es demasiado ilógica. No veo ningún tipo de provecho, ni malicia, ni tampoco en la industria tecnológica veo indicios de querer cargarse al libro. Al contrario, me parece que se impulsa demasiado al libro.

Sin embargo, para el autor de la nota, el libro está ahora mismo tumbado bajo una lluvia de balas, esperando que alguna le dé el tiro de gracia:

Pero [los consumidores] lo quieren matar. Y no lo quieren matar las tabletas o los libros hechos o divulgados por otros instrumentos; al contrario, las nuevas tecnologías están ahí para que los libros crezcan. No existe la lucha, ni existe la dicotomía; la muerte del libro afectará por igual a las tabletas y a los libros de papel. Al libro lo quiere matar la sociedad que asiste a su ejecución sin moverse para hacer que la gente sepa que leer es mejor que dejar de leer.

Se me ha quedado el corazón de piedra. No sé cuáles serán su baremos para afirmar que aún con la tecnología los libros están «sumidos» a la muerte. Al contrario, creo que la gente hoy en día lee más que antes. Creo que en primera instancia, pensar que hay un problema ya es un error y segundo, creo que buscar en la gente, los consumidor, la culpabilidad de un modelo caduco, es cuando más osado y desacertado.

Quienes pueden matar

Depende de cómo lo mires, todo es caro o todo es barato. Pero sí es cierto que ese tópico (el libro es caro) se ha abierto paso en la sociedad donde no se habla de la carestía del whisky o de la ginebra o de las puertas de cristal doble…

No son los consumidores quienes matan al libro, tanto en concepto como en formato. Es el gobierno, los productores e intermediarios los que asesinan al libro. Son ellos los que ponen precios ridículos para obras impresas, reimpresas, re-editadas e incluso, para obras de dominio públicos. Es el gobierno que esquiva responsabilidades y da potestad a grupos de interés de la industria para actuar en su lugar y hacer, literalmente, lo que les da de la gana. Son ellos los que arruinan la industria. Ni los autores, ni los consumidores, son los que se meten en el medio lo causantes de todos los males.

Es la industria la que fomenta que la gente realice las supuestas descargas ilegales. Es la industria la que pone precios prohibitivos, sin embargo este detalle consolador es ignorado por todos estos periodistas y personajes de la industria. Es la industria la que utiliza licencias restrictivas e ilógicas. Es la industria misma la que mata al libro, tanto en concepto como en todo tipo de medios y no los consumidores. Los consumidores no tenemos la culpa de que se venda todo tan caro ni tenemos la culpa que la industria especule con derechos entre editoriales, autores y distribuidores. Los que pagamos todas las desgracias somos nosotros. Denominarnos como los culpables no solo es ilógico sino que también es vergonzoso. Es increíble que nos traten de idiotas o ingenuos. No entiendo como el periódico puede permitir este tipo de gente escribiendo ni me extraña ya a estas alturas.

La gente no sólo no tiene dinero de sobras. La gente cada día, gracias a Internet, se vuelve en un consumidor más inteligente, más inteligente que cualquier personal de marketing de la industria. Y no es anormal que no se vendan libros ya como antes. El consumidor aprende, y rápido. Ya no se pueden cometer errores, uno puede informarse mejor, puede consumir mejor, puede comparar mejor.

La tecnología sólo mata el medio en cómo se transporta el material. Sólo eso, no mata al concepto, en todo caso sólo lo muta, lo engrandece o lo reduce a algo insignificante. Pero nunca lo extinguirá.


Puede morir de descuido, provocado por las Administraciones, que han decidido que pueden recortar la nutrición de doble efecto a que obliga la existencia del libro: el apoyo a las bibliotecas y el apoyo a las editoriales para abaratar el precio del libro propiciando tiradas más amplias y alentando la compra de más ejemplares de cada edición por parte de organismos públicos obligados a hacer del libro la materia central de la educación de la gente.

Lo que más me asombra del tema es cuando ofrecen la mágica solución: subvenciones. Aplaudo cuando escucho que se deben subvencionar las bibliotecas. Lloro cuando leo que se tienen que subvencionar las editoriales. ¿Perdón? ¿Subvencionar modelos que no dan más de si? ¿Esos modelos anticuados que siguen apostando por el derroche? ¿En qué mundo vivimos?

Los libros no sobreviven gracias a las editoriales. Eso, bien claro, antes que nada. Los libros sobreviven por la liberación de las obras y porque la gente pueda consumirlos sin restricciones, evolucionar gracias al conocimiento y de esta forma, producir nuevas obras. Y no subvencionando un grupo de intermediarios.

Es inútil explicarnos que sin la industria editorial no habría libros. Es una mentira grande como una casa, pero una casa de rico. Hoy en día se publican muchas obras y es la gente la que juzga si es buena o mala, no una persona detrás de un escritorio con el poder de imprimir una tanda.

No hay conspiración contra el libro. Solo hay una industria que no comprende bien todavía cómo revitalizarlos y cómo sacarle rédito al asunto.

Esta entrada fue escrita por @minid un . Minid.net es un blog escrito por Diego Martín Lafuente, diseñador, tecnólogo, hacker, La Ira de Khan y Lead Designer en Notegraphy. Las opiniones aquí vertidas son exclusivas del autor del blog y no representan la de ningún otro relacionado.