El inevitable fin de los libros en papel

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La semana pasada en mi línea de Twitter apareció un artículo llamado Por qué los libros en papel nunca morirán de Javier Celaya. Daba la casualidad que yo había escrito una entrada sobre los intermediarios tradicionales, su negocio y la extinción de algunos medios y tecnologías. No pude aguantar mi curiosidad y mientras caminaba por la calle leí el artículo como buen paisano geek que soy.

Lo primero que vi es que no da razones por las cuales los libros (en papel) no morirán. Simplemente ha escrito un texto sin postura alguna, más o menos abriendo al debate y con un único párrafo que indica porqué los libros no desaparecerán:

Como hemos señalado en más de una ocasión, en otras ocasiones, la imprenta no es más que una tecnología inventada hace ya 500 años. Y las tecnologías se acaban sucediendo unas a otras. Lo cual no obliga, claro, a que esto signifique el final absoluto del libro de papel.

Como argumento me ha parecido un poco flojo. Hubiera sido lo mismo si soltaban un «no se morirán porque sí» o bien un «porque la gente no quiere que se muera» y hubiera sido, igualmente, una apelación a la tradición más de las que podemos leer hoy en los medios tradicionales. Esperaba que el autor se mojase más o diera su punto de vista más amplio de las razones pero lo que estoy viendo es que cada artículo que escribe, más o menos, son cosas del mismo calibre neutro: ni fu, ni fa. De todas formas, me gustaría seguir el debate porque, claramente para mí, sí morirán los libros en papel. Es una cosa que se viene venir de lejos.

El fin comercial

Está claro que el concepto libro será difícil de erradicar. Se me hace difícil creer que lleguemos a perder este estupendo formato cultural; la recopilación de escritos con un objetivo particular. Los informes seguirán existiendo, pero los libros, como formato de mensaje, es como referirse a los cortos publicitarios o los poemas, son cosas que aunque desaparezcan en papel, seguirán en digital.

Cuando hablo con amigos de estos temas, me acuerdo de un detalle del personaje Andrew Harlan, del libro El Fin de la Eternidad (1955) de Isaac Asimov donde desde su salón admiraba su colección de libros antiguos en un futuro muy lejano al nuestro y donde la gente, ni recordaba la existencia, ni les importaba ya los libros en papel. Los formatos, las formas habían cambiado demasiado. El papel ya no existía y no formaba parte de la conciencia colectiva.

Como decía, suele impactar un poco el hecho de hablar de la «muerte» de algo. Uno puede matizar bastante y cabe destacar, que cuando yo hablo de muerte, en la mayoría de los casos hablo de extinción total, pero en este, en este la muerte tiene otra cara, otro matiz que no la hace negro-blanco sino algo más simbólico. Yo en este caso me refiero a la muerte comercial del libro de papel, como plataforma comercial. Como en la actualidad, es posible encontrar a la venta cosas de manufacturación antigua, hechas a propósito para vender algo de una cierta empatía, pero eso está lejos del concepto de vida de un producto.

Aunque me gustaría que todo el mundo leyera en ebooks para dejar de usar papel, no estoy en contra de los libros en papel ni en contra del concepto libro per se. Pero no niego que la tendencia indica que las formas de consumir cambiaron radicalmente y, en especial, en los últimos 5 años desde la introducción de los blogs como plataforma dominante, Twitter como plataforma de mensajería y los lectores de libros electrónicos con precios realmente accesibles. Cada año cierran más publicaciones en papel. Algún que otro periódico realiza un ERE y algunas publicaciones prestigiosas desaparecen ya del modelo papel y tinta.

La muerte comercial de los libros en papel es inminente, queridos lectores.

Amazon vende libros sin parar en formato electrónico y este fenómeno está en auge según sus reportes. Algunos reportes recientes hablan de que las ventas de ebooks superan a las de papel. Súmele al hecho de que el coste de un lector de libros electrónicos es significante más barato tras cada lanzamiento y la tecnología no es para nada una mera imitación sino un avance: la tinta electrónica madura bastante y cuela mejor que la de papel. Hay que tener microscopios en vez de ojos para discutir sobre la resolución del papel tinta con la del papel.

Hay que aceptarlo

La verdad a veces duele y hay que aceptarlo antes de que os dañe la cabeza o el corazón de forma irreversible. Yo creo fervientemente que los libros en papel morirán y pronto. Cuando digo pronto, digo en un proceso de 15 años.

La gente debe pensar que estoy loco: de aquí a 15 años, por ejemplo, no es pronto, estamos hablando de unos cuantos años. Bueno, si miramos la historia y sus acontecimientos, hablar de 20 años es un lapso de tiempo considerablemente corto. Es por eso que preveo que el formato de papel será una cosa muy particular dentro de 10 años. Es como si en el año 1985 hubiera dicho que el casete moriría.

Siempre que hablo de este tema, todo el mundo me salta con lo mismo: leer un libro de papel no es lo mismo. Pues claro que no es lo mismo. La otra frase que me sueltan: es especial. Yo ante tal respuesta no puedo sino reír por dentro.

Entiendo que el libro en papel tiene su parte romántica. Es como volver al pasado, a las raíces. Pero por eso no quiere decir que vayan a sobrevivir. Podríamos pensar que si fuera así, entonces los caballos todavía serían el medio de transporte de la gran mayoría, ya que eran la esencia del transporte, el aire en la cara, la gallardía, en fin. Que los libros tienen su qué. Que con la sensación de tocar la hoja, la tapa, el olor nos montamos en un mar de sensaciones.

Cuando la gente te dice que la sensación no se puede explicar es porque probablemente no sentían nada y es sólo imaginación del momento al intentar formular la respuesta. Todas cosas que sin dudas tienen las estructuras formales de los mensajes que los productores usan para seducirnos y hacernos creer que la experiencia de leer un libro es química y sensorial, que no leemos para imaginar sino para drogarnos a base de tocar el libro y de olerlo. En fin, que el argumento romántico, analizado con un poco de sangre fría demuestra que no es completamente favorito.

Creo fervientemente que la nostalgia se reemplaza rápidamente con la conveniencia. Lo que era una cosa de amor, ya no lo es cuando lo nuevo se equipara en todo y ofrece más que lo antiguo.

Y hay cientos de ejemplos que prueban que la conveniencia reemplaza a la nostalgia. El tacto de mi Kindle, por ejemplo, es muy similar a cualquier libro de tapa normal y muy superior si el libro fuera de tapa plastificada. Y si me apuran puedo comprarle una tapa de cuero o de papel cartón para calmar el mono de tocar papel o bien rociar el Kindle con spray de aroma a libros de papel. Su peso es significativamente menor a cualquier libro que suelo leer y puedo llevar, literalmente, todos los libros que he leído hasta ahora en mi vida, más todas las anotaciones que hice en cada libro, más todos los diccionarios y aún no sentiría los 213 gramos que pesa mi Kindle en mi mochila.

La diferencia

Comparar los libros electrónicos con los libros de papel es como comparar una carroza con un coche a gasolina. Uno representa una tradición y el otro representa una modernización total del concepto. Creo que es imposible e injusto comparar un lector de libros electrónicos con un libro en papel. Igualmente pondremos sobre la mesa todos los tópicos posibles así refrescamos la memoria un poco porque quizás muchos deberían ya tener la cabeza fresca con estos temas.

Si tuviéramos que empezar por un tópico sería sin dudas la experiencia de lectura. Uno puede argumentar que en los libros tradicionales «se lee mejor» porque el soporte de papel es mejor para la vista. Sería un argumento estupendo si pusiéramos un libro y al lado un dispositivo con pantalla electrónica. Las pantallas de los dispositivos emiten luz, demasiada luz, que hace que se nos canse la vista rápido. Pero los lectores de libros electrónicos no utilizan estas pantallas retroiluminadas, utilizan otra pantalla que no emite luz llamada pantallas de tecnología e-ink, la experiencia de leer en uno de estos dispositivos es igual o mejor a la de leer en papel. Hoy en día se puede incluso comprar un lector de libros electrónico con nueva tecnología de retroiluminación que hace maravillas con la superficie pero no refracta la luz a los ojos del lector. Una gran referencia del tema lo es el Kindle Paperwhite, por ejemplo.

Si siguiéramos con el tema de la experiencia de lectura, otro punto sería la definición de la impresión. Y sería notable si lo comparáramos con lectores de pantalla tradicionales, como lo es un viejo iPad 1 o 2 u otro dispositivo tablet con un libro de papel: se verían los píxeles. Los diagramas de Edward Tufte se verían horribles en estos dispositivos pero no en las pantallas de lectores de ebooks. Estos lectores tienen una resolución igual o superior que la de cualquier sistema de impresión tradicional de tinta y muy superior en comparación con cualquier tecnología LED, LCD.

Para mí leer en papel es un coñazo. Si comparamos lo que puedo hacer con un libro o con mi ebook la cosa sale desfavorable 100% para el libro en papel.

El sólo hecho que pueda estar con un brazo cruzado en la nuca y con el otro sosteniendo sin esfuerzo alguno el Kindle y pasando hojas es ya, una razón de peso por las cuales mi percepción de romanticismo de los libros se fue al garete.

Cargar con libros es otro coñazo total. Y más si estás leyendo varios libros. ¿Quién aguanta 2 o 3 libros encima, más el portátil, los efectos personales y el móvil? Sólo un auténtico masoquista o alguien que todavía no ha dado el paso. Los libros realmente son excelentes para decorar una casa. Apilarlos sin parar. Le dan una espectacular toque a su casa si tienes una mansión o un lindo chalet, sólo eso.

Una cosa estupenda que abre el mundo de los ebooks es que los libros se pueden volver sociales. Simplemente puedes realizar marcados en los libros y compartirlo con la gente. Es una herramienta genial. Puedes ver las anotaciones de las personas.

Es verdad que no todos los libros son ideales en un lector de ebook. Un libro de ilustraciones verlo en blanco y negro no tiene mucho sentido, pero para eso hay otros dispositivos mejores: los tablets, que vienen ya con pantallas HD que reproducen más colores y píxeles que las pantallas de antaño. El resultado puede llegar a ser tal que es como si estuviéramos mirando una hoja impresa. No existen los píxeles. Si a eso le sumamos que podemos imprimir cualquier cosa, que podemos interactuar creo que queda claro que el soporte papel se queda limitado.

Pero es que, el libro es una cosa artesanal.

Otra de las falacias con las que se suelen pillar los dedos los necios es la de que los libros evocan una especie de cosa «artesana» que los hace una pieza única y es por eso que seguirán en pie. Bien, lo podría entender de algún libro hecho hace 200 o 300 años o incluso más antiguos, que estaban hechos a base de bastante trabajo artesanal y de impresión mecánica, pero no de los actuales: están hechos todos con impresoras y maquinarias para hacer miles de libros por hora y usando toda la tecnología disponible del mundo informático para convertir algo en una aglomeración de papel encuadernado. No os engañéis con este tema, porque es uno de los primordiales para los necios del tema. Existirán, sí, unos pocos libros hechos a base de sudor y sangre, pero no entran en la concepción.


Los libros electrónicos ofrecen una experiencia más amplia de lectura que cualquier libro de papel. Podemos cambiar el tamaño de las letras, las tipografías y así poder estirar un par de años más nuestra graduación de lentes. En cambio con el libro podrías terminar leyéndolo hasta con lupa. Podemos usar múltiples diccionarios, diccionarios de idiomas y otras herramientas de interés mientras leemos un libro. Nunca creí que algo tan básico como consultar una palabra fuera tan adictivo. He aprendido más palabras así que con la era del libro de papel: anotar las palabras en un papel y luego acordarme de buscarla.

El futuro

El futuro para mí es claro: el inmediato, nada cambia. Las editoriales seguirán dándose tumbos con sus anticuados modelos de negocio, prácticas anti-copia y viendo sus ventas de libros en papel caer como mosquitos bajo un diluvio de insecticida y la de los libros electrónicos subir progresivamente. Pero el futuro lejano, más de un 99% de los libros serán adquiridos en formato ebook y los de papel quedarán relegados a casos especiales.

Pasados los 20 años, dudo mucho que veamos libros de papel en venta. No veo mucha esperanza en el formato, dado que nuestro nivel de consumición de información en la red es muy alto en comparación con años anteriores, estamos ultra-conectados con teléfonos, ordenadores ligeros, terminales de todo tipo. Las nuevas generaciones vendrán acostumbradas a lo digital y los viejos como nosotros quizás seamos los últimos con aún dosis de nostalgia como para consumir y pagar por cosas de este tipo. Cada día es menor el uso de papel para trámites y ya se empiezan a utilizar los medios electrónicos, lo que me da serios indicios que los libros, en general, van a morir.

Los lanzamientos se harán mundiales y no de forma regional. Un autor quizás no tenga ni que pensar en a quién ofrecer la posibilidad de traducirlo, porque se podría hacer de forma colaborativa y en menos de 2 días tener la versión de tu libro ya traducida. Cualquiera, indistintamente de su país de origen, moneda o creencia religiosa podrá comprar las obras escritas, no como ahora que es un juego de poder donde cada editorial vende y comercia derechos de venta y distribución según el país que toque.

La distribución se hará enteramente online, desaparecerán la gran mayoría de las editoriales y distribuidoras, ya que éstas no pueden sostenerse sólo modelo de intermediación. Los autores podrán publicar directamente, de forma fácil y cómoda a las fuentes de venta sin pasar por el anticuado y abusivo filtro. Las cosas cambiarán bastante. Veremos que probablemente FNac cambie radicalmente debido a la falta de libros, quizás, queden zonas más relegadas a obras puntuales con tinte a edición de coleccionista.


No tenemos que ponernos sentimentales. Esta consternación es pasajera. Cuando lleves unos cuantos libros electrónicos leídos te habrás olvidado lo que era leer en libros de papel.

Esta entrada fue escrita por @minid un . Minid.net es un blog escrito por Diego Martín Lafuente, diseñador, tecnólogo, hacker, La Ira de Khan y Lead Designer en Notegraphy. Las opiniones aquí vertidas son exclusivas del autor del blog y no representan la de ningún otro relacionado.