El famoso drama de los intermediarios

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Lo que conocemos como «medios tradicionales» de información y entretenimiento como por ejemplo: la TV, radio, el papel prensa, la música en formato CD y los cines, por mal que les pese a muchos, dentro de poco desaparecerán o muchos mutarán en algo que ni siquiera se parecerá en esencia a lo que era. Su naturaleza misma, su sistema organizativo, su sistema de licencias y el sistema de negocio que tienen no podrán salvarles. Si trabajas en un medio de este tipo, lo que tienes que hacer es ir pensando ya como ganarte la vida cuando la cosa cambie de forma irreversible.

Los medios tradicionales van a desaparecer por muchas razones pero, no os aflijáis, es parte de la evolución. Los intermediarios suelen perecer con la evolución. Yo sé que a muchos esto les molesta, es una verdad incómoda, pero si le consuela mi palabra, yo tampoco les deseo mal a todo lo tradicional, al fin y al cabo tiene su punto romántico, pero es así: las cosas cambian. Algunas, para mejor, otras, para peor y algunas cosas valen la pena que se mueran de una bendita vez.

Este es el famoso drama de los intermediarios. Famoso ahora por la globalización y la mediatización que tiene. Porque hace 180 años, a un Argentino le importaba un cuerno si en Inglaterra los trenes a vapor desplazaban a los caballos para transportar carga. Pero, es tan mediático el tema que uno no para de ver escenas de llanto peores que las que se puedan ver en cualquier salón de casa con madres mirando Corky la Fuerza del Cariño. Pero, amigos y enemigos: no hay razones para llorar desconsoladamente. No hay que hacer drama de algo que ocurre desde desde que el hombre se dedicó al comercio. Es tan cómun como el papel de la muerte en la vida misma. No es algo particular de esta época, ni de internet. Es particular del movimiento mismo.

El salto de fe

La principal razón, creo yo, por las cuales van a desaparecer es que los medios tradicionales son como una maquinaria lenta e insegura que no se engrasa bien con el tiempo. Van siempre a paso de tortuga en todo y son pocos los ejemplos que han sabido engrasarse para no perecer ante la inminente evolución: están en la cornisa haciendo malabares sin realizar ese salto de fe que necesitan hacer. En una época supieron aportar a la sociedad, pero hoy en día más que aportar nos quitan, pretenden el control total del acceso a la cultura y al progreso. Puedes progresar en la sociedad si les pagas.

¡Oh!, ¡mi mundo desaparecerá!.

Uno ve por la televisión a un directivo o portavoz que con un tono compungido dice: «El [elija usted el medio tradicional que quiera] va a desaparecer» como si fuera la cosa más mala y trágica del mundo.

Esta gente (que en general [aunque se encuentran excepciones] es negada al 100%) nunca podrá estar satisfecha porque la solución que piden no es realista ni adecuada. No habrá medida del gobierno que pueda satisfacerles ni salvarles porque el colectivo se mueve de forma distinta. Piense la medida que quiera. El que tiene la última palabra de todo es el consumidor. Y si el consumidor quiere el MP3 frente al cassette es su problema y no el de la fábrica de casetes ni de la industria discográfica.

El problema es el modelo

Estos intermediarios son gente totalmente compulsiva que no mide lo que dice y son la raza de humanos más contradictoria. Estos son en muchos casos, el reflejo de su modelo. Son como los músicos del siglo pasado: Internet es una mierda, es nociva para la sociedad y arruina «la música», iremos a por ella, pero luego les ves en Internet, ¡plop!. No componen el 100% de los ejemplos, faltaría más, pero la gran mayoría de los músicos exitosos están en contra de Internet y de cualquier tecnología que no entiendan. Sobra con usar Google y se dará cuenta de lo que le digo. Elijan uno y verán que las declaraciones estarán llenas de confusos mensajes, como «control», «prohibir», «robar», «piratear», «ajeno», «apropiarse», «malo», «dañino», etc. Todo es nocivo para esta gente, que parece que no quisieran ya trabajar de lo suyo: componer y tocar música.

Lo triste es que uno si se pone a analizar el tema con cabeza fría ve que no todo es tan trágico como ellos lo pintan. Lo primero que uno detecta al encontrarse con este síntoma, es que ellos le dirán exagerando que se avecina el fin. Algo malo está por venir, mucha gente se quedará sin empleo y se morirán porque no podrán trabajar de nada más. Resulta cuanto más… curioso el presagio. Es extraño. La gente que limpiaba los estudios de grabación, ya no podrán limpiar otro lugar, no están capacitados, es una pena, amigos. La gente que maquillaba artistas, ya no podrá trabajar de maquillaje porque sólo los artistas requieren de estos servicios. Ya me entiende usted el tipo de argumento que suelen dar.

Si seguimos analizando el pasado, que pocos miran y resulta tan útil, nos daremos cuenta que, a lo largo de la historia han desaparecido una centena y quizás unos miles de tipos de intermediarios de menor o mayor calibre debido a la evolución tecnológica. Empero, nadie les ha llorado ni batallado ante los medios al punto de la histeria como ocurre hoy en día. Lo más reciente así que podáis tener como referencia, salvo que viváis en algún país de extremo subdesarrollo es el videoclub de VHS o DVD, algo prácticamente extinto en Europa, Asia y USA. Que te cobraba desde 3 euros por ver una peli y, ojo, había que devolverla o venían los recargos. Extrañar eso es de masoquistas.

Nadie lloró el fin de los disquetes. Yo no vi a nadie de la industria llorar porque simplemente nacieron otro tipo de medios mejores. En realidad, ver a alguien llorar por los disquetes hubiera sido, además de gracioso, un poco lamentable, pero bueno, en España o Argentina me lo esperaría, en fin… a lo que iba: las empresas dedicadas a hacer disquetes simplemente vieron las posibilidades de mejora y se adaptaron sin chistar y… miren si no han hecho dinero con las evoluciones, aún así el mercado dictara que no sería una máquina de generar dinero por siempre las empresas se adaptan. Miren las despensas de alimentos, reemplazadas por los grandes mercados y los supermercados.

Ahora que los CDs están de capa caída y con claras señales de inminente extinción, yo tampoco sigo viendo que las empresas salgan a hacerle riña a internet, a los fabricantes o, peor: al consumidor, ese enemigo horrible que atenta contra su forma de hacer dinero. No, lo que veo es que las empresas descartan el CD como modelo como si se tratara de cambiar de canal de televisión, centrándose en otros tipos de medios más descartables y ubicuos como las flashcards, memorias y discos que van en los smartphones, televisiones e incluso, en los nuevos coches.

Tampoco nadie lloró el fin de las enciclopedias cuando Wikipedia se había posicionado como una enciclopedia completa, en varios idiomas y actualizada en tiempo real. ¿Quién quiere hoy comprar y buscar en una enciclopedia de tapa dura?, un romántico, un sibarita, un nihilista del papel, pero no alguien que quiera tener la información más completa y contrastada. Para eso está internet. Suena ilógico, sí.

No hace falta mirar mucho en la historia para ver más ejemplos de intermediarios extintos: el gremio de repartidores de hielo no se suicidó en masa cuando salieron las neveras eléctricas, ni tampoco se suicidaron los que prendían farolas por las calles cuando el alumbrado público era ya un claro avance a la sociedad. Habrán llorado, sí, un poco, pero luego salieron a buscarse la vida como cualquier cristiano de buen hacer. Por último, los conductores de carrozas a caballo tampoco decapitaron al presidente cuando los coches tomaron parte del circuito de distribución.

Pero no, ahora la pérdida de revistas y periódicos se vende como una tragedia que nos perjudicará a todos, nos enviará sin dudas a un mundo peor, «sin buen periodismo», cuando en realidad los únicos perjudicados son unos accionistas y unos emperadores de la información y el entretenimiento del siglo pasado, el resto, sabrá buscarse la vida. Esperen cuando venga la de la televisión por culpa de –glup– «Youtube» y sus futuros Gangnam Style o las chicas guapas que atraen más que programas como Hay una cosa que te quiero decir. Y si no, miren MTV. Antaño un imperio televisivo que atraía a millones de jóvenes y adultos con su parrilla extensa de vídeos musicales, arte y series selectas; hoy convertido en un canal de realities que muestran lo patético que puede ser la vida en Norteamérica con una audiencia frágil porque básicamente a los jóvenes ya no les interesa ver la bazofia de MTV y esperar un siglo para ver a tu banda favorita: directamente te vas a Youtube y la miras ahí.

La industria del cine también no se queda atrás. Las salas de cine cierran o sólo viven de las palomitas y la cocacola [sic] que venden. Cada día va menos gente al cine, es cierto. La última vez que fui al cine, había conmigo otras 3 personas en una sala de… cuántos, ¿100, 200 o 300 asientos?. Pero esto no es por culpa de internet o la piratería. Hay varias razones que ellos pasan por alto a la hora de contar la verdadera historia y que son razones de gran, gran peso que hacen a este modelo de negocio caduco: los televisores ofrecen mejor calidad de vídeo que una pantalla de cine actual; puede uno mirar una película en su casa a cualquier hora y no cuando al bendito cine le sale de los cojones; lo puede ver uno cómodo en pijama o desnudo (algunas pelis lo merecen) y lo mejor: sin ser víctima de los imberbes que mastican con la boca abierta o te comentan la película mientras la pasan. En fin, que queda claro: en casa uno es rey y el modelo de la sala de cine ya caduca. Las televisiones cada día vienen con mejor calidad de pantalla, sonido, definición y colores. Los sistemas de sonido ya no son la mierdecilla de antes: ahora te puedes montar un home theater por menos de 60 euros. Para los tisquimisquis de la industria con peros: también hay televisiones en 3D. Así que las razones por las cuales las salas de cine ya no captan la gran mayoría de los usuarios es porque los dispositivos pueden ofrecer una mejor experiencia que la de ir a una sala de cine llena de palomitas de la sesión anterior, en unos asientos incómodos y aguantando unos 15 minutos de publicidad al principio de la película.

Pero los intermediarios tampoco son siempre medios, también lo son empresas que desarrollan tecnologías que logran ubicarlas como estándares y se convierten del día a la noche en auténticos intermediarios monopolizando todo.

En los primeros días del diseño web las agencias publicitarias eran dependientes de Flash, una tecnología hoy casi obsoleta para realizar sitios interactivos o para reproducir contenidos multimedia en internet. Cuando HTML5 tomó el lugar, muchas agencias tambalearon, primero por no saber prever que esto ocurriría y segundo, porque cuando empezó a ocurrir en vez de evolucionar rápidamente hacia otras tecnologías simplemente siguieron en la línea. Hoy en día encontrar agencias que se dediquen 100% a Flash es casi inédito y hasta daría pena verles vivir de eso.

Como verán, las cosas cambian. Pero todo se resume en meter miedo. Todo imperio que se tambalee será presagiado como un fin trágico que se cobrará muchas vidas, pero yo creo que, más que cobrárselas lo que hará será liberar a mucha gente y empresas de ciertos regímenes obsoletos hacia modelos más abiertos y remunerativos e innovadores.

Cobrar por el aire

Cobrar por el aire, vender hielo en Alaska, cobrar por ser una persona y más parodias que vemos día a día de estos intermediarios son una de las características de los modelos caducos que exponen y que son el siguiente problema que estos medios tradicionales de entretenimiento e información tienen es su modelo de negocio: en general quieren cobrar por cosas absurdas.

Pretenden seguir viviendo del mismo cuento y lo peor: pretenden que se les apoye y en algunos casos más escandalosos, que se los mantenga. Es así como nosotros, ciudadanos de a pie, pagamos impuestos –haciendo énfasis con los dedos a lo Dr. Maligno– «por si nos apetece ‘piratear’ alguna obra intelectual» sobre cualquier dispositivo de almacenamiento, por reproducir música en una fiesta privada u por otras actividades que en realidad lo único que hacen es mantener vivas las obras de muchos autores.

Es simplemente ridículo. Quieren cobrar si mencionas su nombre, quieren eliminar por completo cualquier tipo de citación, usan DRM para que no uses lo que acabas de pagar en otro dispositivo. Cualquier cosa salvo la cita que habla bien de ellos a modo de promoción directa y que les promocionen gratis, e incluso hasta esto último han prohibido algunos intermediarios. Lo que en realidad están logrando con éxito es que la gente acabe hasta los cojones de ellos y de forma incremental, les olviden y, no exagero cuando digo esto porque muchos artistas, con el antiguo modelo han desaparecido y muchos otros ni siquiera llegan al grado de exposición necesaria para sobrevivir o despegar en su carrera.

Uno de los ejemplos más ilógicos que veréis es la de los periódicos online, por ejemplo. Quieren imitar su prehistórica forma de venta en su modelo online a toca costa. Estos periódicos en general no respetan ni aceptan la naturaleza de internet. No quieren ser parte de una forma simbiótica con el sistema. ¿Qué hacen? Es simple: no quieren que les enlaces a sus notas. Usan todo tipo de protección absurda. Y lo peor de todo, es que algunos incluso quieren que les pagues por poner un enlace de sus páginas en tu sitio. Estas decisiones simplemente les lleva a la muerte.

… las revistas tradicionales enfocan por lo general el medio digital con dificultad: ni son capaces de plantearse bien un nuevo soporte que requiere habilidades y actitudes diferentes, ni lo hacen con excesiva fe, dado que hacerlo bien implicaría un fenómeno de sustitución de ingresos frente a un terreno, el quiosco, que todavía es el que les da de comer. Lanzarse a lo digital implica un acto de fe: creer que la publicidad en la red va a crecer lo suficiente como para pagar las facturas, mientras se pretenden seguir sosteniendo muchos de los costes de la edición papel. #

Los medios informativos tradicionales, la TV, la música y las editoriales gozaron de mucho bienestar mientras no existía internet y no existían los dispositivos de producción actuales. Ellos eran los únicos intermediarios y reyes de la información, que a su vez, dominan a los propios artistas y productores que los defienden cual perro domesticado a base de comida. Cualquiera que quisiese salir del ámbito informativo de manera independiente tenía que inevitablemente montarse su propia cadena de publicación y distribución. Los periódicos por ejemplo siempre han cobrado por la edición. Es notable: tiene costes asociados a la producción: papel, distribución, personal imprimiendo, cadena logística, etc. Pero con internet esto desaparece. Si ya no hay costes importantes asociados, ¿por qué quieres cobrar por lo mismo como si fuera el producto físico? Esa codicia es la que les mata, es la que hace que muchos opten por no leer periódicos con paredes de registro porque simplemente consideran que el precio es injusto.

Y esto siempre ocurrirá y lo hará más o menos de esta forma: existe un «algo» que es producido por alguien. Para producir eso, hacen falta dispositivos y salen muy caros para el usuario promedio. Ese alguien, intentará distribuirlo, pero verá que prontamente salen intermediarios los cuales se organizan de mejor forma para ser parte de la cadena haciendo que los productores tengan, obligatoriamente, entregar parte de su ganancia en pos a la distribución. Automáticamente se producirá una especie de blindaje que impedirá ya sea por leyes o por presiones sindicales, asociaciones, grupos de todo tipo que los productores no se conviertan en distribuidores o los mismos consumidores no sean parte de la cadena de intermediación. Luego viene la evolución: algunos intermediarios descubren métodos para distribuir mejor. Otros, directamente usan métodos de rebaja de precio para reventar el mercado hasta que todos tienen algo de que comer hasta que el producto original ya no es un problema de distribución porque los canales o bien, otros productos matan el beneficio que puedan conseguir.

Es por eso que el intermediar es un negocio que tarde o temprano caduca. Es un beneficio a corto plazo, con un tiempo de caducidad que siempre, siempre te obligará a evolucionar.

Hola internet

Con la llegada de internet desaparecieron de un plumazo muchas formas de negocio. No todo es negro: se abrieron un centenar o quizás mil más. Por ejemplo, antes la gente pagaba por el software de prueba. Sí, tal como lo estáis leyendo: pagar por un software de prueba, muchos de vosotros que tengáis 15 o 25 años ni en sueños pagaríais por algo que no es completo, pues antes existía el shareware de pago y el gratuito (que no libre). Antes también se pagaba por el navegador de internet. Los medios tradicionales repartían revistas con CDs de programas, y hasta CDs llenos de páginas web para navegar (increíble, ¿a que sí?), asegurándose el puesto de intermediario de información y, algo más macabro quizás: el del distribuidor de software.

Distribuir tu propio software era casi imposible, o pagabas para entrar en la cadena de distribución o no existías para el mundo. Esto, amigos, podría ser visto como algo trágico en la época: –¡Oye! ¡Que nos quitáis el derecho de distribuir software! ¡Somos la industria que distribuye y genera trabajo! Miren si no es fácil distorsionar la realidad. Lo cierto es que esta industria de distribución ha muerto. La que primero había muerto eran los distribuidores de programas de prueba, luego las revistas. Los videojuegos están considerados uno de los últimos cotos de distribución tradicional, los cuales están totalmente muertos ya porque ahora los canales de distribución han cambiado: los tienen las empresas que desarrollan consolas y pronto dejará de ser así.

Así como mueren intermediarios, nacen otros. Es nuestra naturaleza meternos en medio de todo y sacar tajada. E internet le devolvió a la gente una cosa muy importante: el poder de acción.

Ya no necesitamos de nadie para hacer muchas gestiones. Podemos hacerlas por nuestra cuenta. Y esto es algo terriblemente importante que muchos ni siquiera le prestan atención. Antes si queríamos viajar teníamos que llamar por teléfono a unos operadores de la compañía aéra. Esto normalmente podía derivar entre pagar un 20 o 30% más que haciéndolo por una agencia de viajes que manejaba una cartera de vuelos y el sistema de búsqueda, sin esto, viajar era imposible. Hoy en cambio sacas el teléfono y en 10 minutos tienes tu pasaje de avión, sin intermediarios, sin esperas, sin llamadas. ¿Quién quiere volver al pasado?

La solución

Cuando empecé este artículo tenía en mente dar pistas de lo que yo creía como «solución» a los x problemas del mundo de los intermediarios. Luego de un momento de escritura, me di cuenta que es un poco soberbio decirle a cada uno de los representantes de los intermediarios qué tienen que hacer. Lo cierto, es que posiblemente, algunas de mis propuestas no funcionen bien aunque me reservo la duda. Cómo redactar soluciones a tal crítica, creo que lo mejor ha sido aunar cada una de las mismas en los conceptos básicos que impiden que una idea en práctica choque con lo fundamental.

La primera solución a este gran drama es evolucionar. Lo que hay que hacer, de forma radical, y ya, mañana, es plantearse el cambio, un cambio severo que aúne las mejores virtudes del ejercicio pasado con las mejores virtudes de los actuales sistemas. No sirve de nada replicar modelos antiguos. Ya han sido replicados una y otra vez. Antes de intentar tomar esta medida mire que le ha sucedido al anterior que pensó de forma equivocada.

Es por eso que esta tarea no es fácil. Hay que tener en cuenta unas variables básicas para no darse la cara contra la pared. Hay que tener una cosa bien en claro y que es vital para que puedas evolucionar de ahora en más: cualquier práctica que ponga en peligro o vaya en contra de cualquier principio de libre acción, distribución de información en internet, hará que tu modelo fracase estrepitosamente. Me sobran ejemplos para darles.

Evite la vía del lavado de cerebro.

Una de las cosas que debe aprender es que, manipular tiene su precio. No opte por la vía del convencimiento o del agitprop. Sólo causará pena. La SGAE ha creado durante años incontables campañas para hacer conciencia a la población de los inminentes «robos» que se producen. Lo único que han logrado es que la gente lo haga apropósito porque les han tocado ya demasiado los cojones. La gente se ríe cada vez que ve una publicidad que pone, en la balanza, los robos de carteras con robar un MP3. Sólo unos pocos de la industria musical son tan bravos e inconscientes de decirlo a viva voce pensando que están en lo correcto.

Lo abierto le ganará a lo cerrado. Siempre.

Primero hay que aprender cómo funciona internet. Internet no es ni remotamente, una imagen del modelo tradicional. Al principio, le dimos aspecto tradicional, para que todo el mundo se sintiera cómo en casa, pero luego pasamos a mejores metáforas. Internet es así, evoluciona más rápido que cualquier sistema tradicional y burocrático.

Internet funciona como un sistema meritocrático y anárquico. Lo bueno triunfa por lo malo, siempre. Lo malo siempre tiene los días contados.

La meritocracia es una forma de gobierno basada en el mérito. Y en internet, el gobierno de algo se basa en el mérito. Mérito puede ser ofrecer algo gratuito. Mérito puede ser un buen servicio de pago. Mérito puede ser un servicio que no abuse. Si te portas bien y ofreces buen servicio, ganas mérito. Si tienes mérito, crecerás, ganarás dinero, mucho dinero. Pero si empiezas a escatimar o a incumplir, cualquier usuario te dejará por las cientos de opciones que hay.

Miren los casos exitosos, cómo funcionaron, cómo supieron hacerse hueco sin los millones que usan los intermediarios tradicionales actuales, que se abren paso a base de gastar ingentes cantidades de dinero para comprarse credibilidad y un mérito pasajero. Tienen que aprender que así funciona internet: es un lugar para todos, con cabida para todos.

Produzca calidad por sobre cantidad.

Si hay algo que aprendí en los 17 años que tengo en internet es que la calidad siempre le ganó a la cantidad. Puedes tener un blog muy visitado y ser un blog con un montón de basura repetitiva o entradas que simplemente explican de forma resumida lo que debería usted leer en el siguiente enlace (que está debajo del todo) o bien puedes tener un buen blog donde el crecimiento es exponencial y la retribución el doble más alta. Un ejemplo es la publicación The Verge, que se come a Engadget, Gizmodo y a unos cuantos más simplemente produciendo contenido de altísima calidad.

No intente frenar a nadie. Nunca.

Todo intento de frenar a alguien de hacer lo que quiera con el contenido que ofrezcas o con el contenido que uno pague es, simplemente, una pérdida de tiempo, recursos y una ganancia de mala imagen. Nadie quiere cosas con la banda de «prohibido».

Todos los intentos de protección serán batidos. Apple no pudo contra el mundo. Tuvo que ofrecer sus MP3s sin protección porque cualquier intento de protección simplemente era obviado. No existe tal cosa de proteger la copia. Siempre saldrá algo o alguien que lo tumbe. Si el método es muy bueno, estése seguro que morirá: nadie quiere pagar algo que no se puede usar sin restricciones.

Ya no existen los países como fronteras. No existe tal cosa como «regiones». Antes, unos iluminados pensaron que la mejor forma de protección y venta era limitar la reproducción de material según las zonas, así, un contenido producido e inaugurado en Estados Unidos podría ser luego vendido en Europa. Lo que lograron en realidad es que un chaval trabajara en una solución para desproteger los DVDs así no tienen ya limitaciones. Estas cosas simplemente fomentaron otras que son peores, como la copia y venta masiva de DVDs «piratas» como se les conoce. Un auténtico mercado negro, esclavista que de verdad jodió terriblemente a la industria.

Kim Dotcom, creador del difunto Megaupload no erró al decir la receta contra la «piratería» y contra la involución que supone actuar como una empresa tradicional:

1) Crea cosas que molen. 2) Haz que sean fáciles de comprar. 3) Publícalas en todo el mundo a la vez. 4) Ponles un precio justo. 4) Haz que funcionen en cualquier dispositivo.

Es hora de dar el salto.

Esta entrada fue escrita por @minid un . Minid.net es un blog escrito por Diego Martín Lafuente, diseñador, tecnólogo, hacker, La Ira de Khan y Lead Designer en Notegraphy. Las opiniones aquí vertidas son exclusivas del autor del blog y no representan la de ningún otro relacionado.