49 pesos

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·12/29/2008

Vacacionar en Argentina y con euros o dólares no es para nada barato.

Es probable que algunos me maten por escribir esto, pero me causa bastante gracia el tema. Resulta que hace dos días salí por la ciudad de Buenos Aires. Después de una noche agitada con un amigo decidimos ir a desayunar al típico bar porteño, nada pretencioso. Desayuné en varias ciudades importantes de Europa y cada una tiene lo suyo en particular. Lo más característico es que, cada ciudad tiene una especie de tarifa base que te informa cómo vive o como enfrenta la gente las cosas en su país.

A veces estás en un país que, debido a su economía podés desayunar 3 o 5 veces más barato que en tu ciudad. Incluso hasta 10 veces si te alejas por Asia o zonas de Latinoamérica. Es por eso que vacacionar en tales sitios tiene un encanto doble: vas con euros y el dinero rinde a montones, permitiéndote realizar muchas cosas y gastar más a gusto. Pero no siempre es así. Hay países que, incluso con monedas y economías más sumergidas tienen precios europeos o, incluso más caros. Ese parece ser el caso de Argentina, un país lleno de variedad de materias primas producidas localmente a precio Europeo, o incluso más.

Por ejemplo, en España desayunar bien no puede costarte más de 5 euros y en algunas provincias por 2,50 euros desayunas más que de sobras porque los productos no se importan de ninguna provincia ni de ningún país. A economía local, 5 euros es un monto importante, pero asequible. Con un poco de picardía y ganas de caminar, puedes desayunar bien por menos. En Berlín, por 3 euros desayuné como un rey y cuanto quise. Por 4 euros en Roma desayuné como si estuviera almorzando y no vi muchos campos donde se críen cerdos ni se plante café. En el sur de Francia por 5 euros saboreaba mantequilla con especias y unos exquisitos panes recién horneados junto a un café y una leche que, creo que en mi vida volveré a disfrutar otra vez. Pero en Argentina, la cosa no fue así.

Resulta que me pedí esto:

  1. 2 cafés con leche.

  2. 2 Tostados (bikinis).

  3. 1 agua mineral.

Y el monto del desayuno fue de 49 pesos (10,30€). No pude salir del asombro y me puse a pensar qué tenía el agua mineral o los bikinis para salir tan caro todo. Desayuno normalmente un bocadillo de jamón (y no dulce) con una agua tónica y un buena taza de café con leche por 3,50€ en la esquina de mi casa, algo que no tiene competencia contra lo que consumí antes de ayer. Un argentino necesita 735 pesos para desayunar así todos los días, si pidiéramos esto todos los días pero de forma individual. Sí, una locura.

El agua mineral de las reservas de agua pura de Alaska no era. El café cubano etiqueta negra tampoco, la leche no se parecía a la de importación suiza y el jamón no sabía como alguno curado en Salamanca. Creo que todas las materias primas de mi desayuno eran de procedencia local, sin embargo los precios eran desorbitados.

Me sorprende el hecho que en mi país, un país con extensión totalmente superior a muchos países del primer mundo, con manantiales de agua mineral, extensiones terribles de campo para criar chanchos y producir jamones dulces al igual que quesos de primera y hasta producir leche de sobras tenga que cobrar todo como si me estuviera desayunando el hotel Barceló de 5 estrellas de Palma de Mallorca (que se desayuna mejor y más). La verdad, no entiendo.

Pero esto no es todo, tengo amigos que han viajado a muchas partes del mundo y nadie paga 10 euros por un desayuno. Recuerdo el testimonio de amigos que fueron a Tailandia y han pagado algo así como 90 céntimos por un desayuno, algo asequible para los locales, y gente que también desayunó como los lugareños por el mismo monto en otras zonas del mundo. Pero en Argentina parece que esto no está visto igual. Y no es que esto sólo ataca a las grandes ciudades, no, en Mendoza desayunar no estuvo muy lejos: 41 pesos un desayuno para dos personas.

Almorzar y cenar ya es cosa seria. Los precios no bajaron nunca de 37 pesos por cabeza sin pedir excentricidades. Incluso 3 combos del McDonnalds costaron 66 pesos. Y la cena más cara 700 pesos que fue un asado para 4 personas (exquisito por cierto).

Si consumiera cosas importadas, lo aceptaría. Pero cosas que se producen en el país, pagarlas como si fueran excentricidades culinarias o materias primas importadas de los lugares más recónditos del planeta, no.

¡Qué locura!, ¿no?


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