Cómo ser un diseñador independiente y no perecer en el intento

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·08/25/2008

Existe un terrible problema en el mundo de los diseñadores independientes y es la incertidumbre total a la hora de realizar trabajos para alguien.

En los comienzos, muchas veces me preguntaba qué hay que hacer para que un proceso de diseño sea uniforme. Sí, ya saben de lo que hablo: hablar con un cliente; escuchar su necesidad; sentarse y hacer un esquema de todo; hacer un borrador; ejecutar el tramo final de diseño, cobrar el trabajo y sentirte contento de haber hecho esa labor, sin haber imaginado al cliente como un diablo.

Muchas de estas cosas las habrán vivido de manera satisfactoria, al menos, una vez en la vida. Y es probable, como que llueve en París, que habréis sufrido otras en mayor cantidad. Estas cosas que uno sufre o sufrió, son producto de nuestro conocimiento, entorno de trabajo, política de empresa y de la ignorancia de nuestro cliente. Estas cosas hacen que, la profesión de diseñador en internet se equivalga casi al de un trabajo de esclavo.

Si tengo que empezar por matar a alguien, no usaré al cliente como primera víctima, porque es la fácil y no la más obvia de todas. El diseñador es la primera víctima. Todos los males, todas las paridas que se comen, las horas sin dormir, las peleas con la novia no son producto del cliente sino del propio diseñador. Si eres freelance, el que controla el proceso de diseño eres tú, no el cliente. Eres el último que tiene la palabra, puedes decir no, puedes rechazar trabajar en algo, no estás obligado a sufrir y ningún cliente tiene ni tendrá compasión por ti, recuerda esto. Por ende, empezaremos por ahí.

Regla de oro

La primera regla de oro que debes saber que lo tuyo no es la manufactura. No te dan cajas plegadas de cartón e instrucciones para que las armes, encoles y apiles, para luego enviarlas a determinado sitio. Tu trabajo es el de creación, sólo eso. Tu creas, tu ayudas a transmitir. La industrialización es otro rubro que no tiene nada que ver con el de diseño. Por ello, debes valorar tu trabajo basándote en una línea imaginaria, que traza tu creatividad, tu don de diseño, tu gusto por las cosas, tu conocimiento en el lenguaje visual. Nunca debes cobrar por hacer una tarea mecánica y te diré luego por qué.

El dilema del claroscuro

Seamos sinceros. El cliente nunca sabe que diseño quiere, es más, no tiene ni puñetera idea de diseño y para eso te contrata, para que se lo hagas por él. Tiene sí, una idea difusa, una imagen borrosa grabada en la parte occipital del cerebro o bien una idea no muy clara de lo que le gustaría, pero no sabe con santos y señas como será el producto final. El cliente probablemente termine diciéndote que quiere algo oscuro pero no negro, moderno pero a la vez serio, que quiere transmitir las bondades de su producto a adultos conservadores pero también a jóvenes progres, y la cosa se alarga. El primer problema de esto es decir: sí. Sí a todo eso. No, hay que marcar las diferencias, un sitio sobrio nunca podrá transmitir una sensación de modernidad, todo es una ilusión de vuestras mentes.

Pregunta exactamente qué es lo que quiere el cliente. Cuando encuentres un contradictio in terminis tienes que parar el carro y resolver ese problema. Hay que saber identificar un oxímoron en toda regla, de lo contrario, terminarás diseñando un frankenstein. Trabaja especialmente en estos detalles, no existe algo sobrio pero moderno. O es sobrio, o es de aspecto moderno. O es dinámico o es estático. Nunca podrán ser ambas. Por intentar contentar a un cliente te harás un embrollo que sólo producirá hastío en ti. Es probable que termines sintiendo vergüenza del trabajo hecho porque, precisamente, nunca pusiste los puntos en las íes cuanto toca.

Es 1 diseño, no 20

Los diseñadores tienen que entender una cosa: el 99% de los casos te pagarán para hacer 1 diseño, no 20. El trabajo final es un diseño, un concepto global de algo, y no parte de 20 conceptos diferentes. Ni dos, ni tres ni veinte… sólo de uno. Ese concepto es, de hecho, la visión difusa del cliente, transcrita al papel o al documento electrónico que, tú pones en bits luego. De esa visión sale el concepto, que podrá ser, más o menos, como el producto final, donde deberás iterar y con límites hasta llegar al producto final.

Un concepto no es un par o una docena de bocetos. Un concepto es una idea fuerte plasmada con estado gelatinoso, tirando a algo sólido. 4 bocetos distintos son 4 ideas distintas, que partieron con una idea fuerte distribuida en cuatro cosas. El cliente necesita solo una idea fuerte que una todas las cosas escritas en el documento brief, te pague 100 o 500 mil yenes por hacerlo, el tema es, comprender que el trabajo no está en acabar el diseño, te recuerdo que: se te paga por crear, no por manufacturar.

Un diseño que parte de varios conceptos es algo pactado. Los clientes pactan con uno o una docena de empresas para que ideen un diseño que pueda convencerles. Todo esto se paga. Sí, aunque no se lo crean, nadie trabaja ad honoren, bueno, al menos, los ingenuos sí. Si un cliente te dice: «esperaba ver 3 o 4 logos distintos» está claro que el cliente no entiende como es el proceso de diseño y el deber es comunicarlo antes de firmar algo. Un proceso de diseño es como hacer un programa informático: un programa de gestión que suma las ventas lo hará de una sola forma. No utilizará otra cosa que un cálculo matemático de suma, no hará otra cosa que eso. Por ello, un programador nunca le dará a un cliente «cuatro programas distintos» que le sumarían las ventas mensuales con los mismos resultados, sino, que le dará un programa que haga la bendita y concreta tarea.

Si un cliente te pide varios bocetos, negocia otro precio. Cada boceto es una idea distinta, es un tiempo adicional invertido, es creatividad puesta en prueba y es una inversión de razón considerable. Recuerda que un diseño no es tirar objetos y colorear, sino solidificar esa idea que tu cliente necesita para comunicar. Tu cliente podrá pagar por una idea, por dos, por mil, esto está claro.

Cubrirte las espaldas

Un amigo diseñador me contó lo que le pasó, y precisamente no fue el primero. Vino un cliente y le pidió que le bocetara un diseño para ropa interior de mujer y éste –con todo el ánimo de conseguir esa cuenta– hizo los bocetos y se los entregó.

Al cabo de un breve tiempo, el cliente no le llamó para empezar la producción lo cual puso nervioso a mi amigo. Éste comenzó a averiguar y a los dos meses vio como sus diseños estaban en los escaparates.

Hay dos formas de cubrirse bien las espaldas, si haces sitios webs: pon marcas de agua en el boceto y entrega material que no ofrezca la posibilidad de edición de una forma fácil. Por ejemplo, enviar una captura que no tenga las medidas reales sino algo más pequeño.

La segunda opción y la más recomendable es hacerle firmar un contrato al cliente para que, en caso de querer quedarse los bocetos e irse con otro diseñador más barato te los pague. Recuerda: los bocetos también son trabajos, tienes que pensar, idear y poner en papel o bits tu trabajo, aunque no sea el final.

Saber iterar

Un buen diseñador debe saber iterar, y en este caso, me recuerda algo curioso que pasa en Argentina cuando los hombres van a las discotecas y encaran a una mujer que les gusta: iteran. No se cansan de intentar diferentes historias o situaciones hasta lograr el efecto idóneo. Dicen que los argentinos son los tíos más ganadores, que dominan «el arte de ligar», pero en realidad lo que aprovechan muy bien es el arte de iterar, prueban todos los terrenos para lograr su cometido. Muchos miran de afuera y se dirán: –pero que pelotudo es éste. Pero a fin de cuentas los que mejor iteran son los que terminan cumpliendo la hazaña.

Hay que saber bien cuál es el punto clave de cada elección de diseño y ejecutar al instante. La mejor fórmula para iterar es simplificar, hacer todos los caminos más fácil para el usuario del producto, elegir las frases más apropiadas para transmitir eso que el cliente necesita. Hay muchas fórmulas para realizar iteraciones exitosas y recuerda: iterar tampoco es bocetar.

Steve Jobs, líder de la empresa Apple, una vez contó el proceso de diseño que tienen en Apple:

Look at the design of a lot of consumer products—they’re really complicated surfaces. We tried make something much more holistic and simple. When you first start off trying to solve a problem, the first solutions you come up with are very complex, and most people stop there. But if you keep going, and live with the problem and peel more layers of the onion off, you can oftentimes arrive at some very elegant and simple solutions. Most people just don’t put in the time or energy to get there. We believe that customers are smart, and want objects which are well thought through.

De eso se trata iterar: empaparse con el concepto, obsesionarse con las iteraciones hasta lograr el efecto deseado, tratar de simplicar todo para que quede algo sólido y elegante.

No trabajes sin un contrato redactado de forma correcta y completa

Muchos me dirán: «me estás diciendo algo obvio». En realidad, el grave problema es que mucha gente hace cosas que no están en el contrato. Lo hacemos como «un favor» pero los favores no siempre se pagan. Podrás esperar que el cliente te dé más trabajo en el futuro, pero en realidad te pueden mandar a tomar por saco porque pueden, porque no les ata nada.

Siempre que empieces algo, antes de bocetar algo, crea un contrato, de ser posible, bien redactado y detallado de qué es lo que vas a hacer y cuánto le cobrarás al cliente por ello. Esto ayudará a que el cliente se acostumbre a tus reglas, sino, entrarás en la incertidumbre y el cliente te tomará el codo en vez de una mano. Te hará trabajar más de la cuenta, te hará cansarte, hartarte, hastiarte y todo esto repercutirá en el producto que hagas. Tu no quieres hacer cosas malas, no es bueno ni para tu salud, ni para la imagen que quieras dar de tu trabajo.

Con un contrato bien redactado, estás protegido, legalmente y nunca tendrás problemas serios. Existiendo un contrato de por medio no cabe duda que se puede re-negociar cualquier cosa. Si el cliente te pide algo que está fuera del contrato, puedes re-negociar esto y extender el asunto a otro documento, y bajo otras condiciones.

Puedes hacer un contrato para incluso, en caso de que no lleguéis a un acuerdo con el cliente que se te pague lo trabajado ideando el boceto que hagas, recuerda, bocetar algo es trabajar, es sentarse idear y ponerse a trabajar en lo que podría ser una idea buena.

En otras ramas laborales, los contratos son cosas tan comunes que nadie se espanta si hay que extender o rescindir. No debería entonces ser un problema para un diseñador.

Incluye en el presupuesto el material a utilizar

Hay una cosa que no entiendo: ¿por qué en otras profesiones incluyen materiales en el presupuesto y los diseñadores casi nunca lo hacen? ¿es un delito incluir cosas como tipografías, fotografías, librerías gráficas? Siempre que trabajes con material susceptible al uso comercial inclúyelo en el presupuesto. Que no se te escape nada, el cliente no tiene coronita para que le venga todo de arriba y gratis.

El cliente no tiene por qué tampoco sufrir consecuencias legales porque te has querido ahorrar 100 o 200 euros en material tipográfico y fotografías y utilizarlos en el sitio sin permiso, sin pagar las royalties, además, es deshonesto.

Para ahorrarte dolores de cabeza, trabajar tranquilo, incluye en el presupuesto el material que vas a utilizar, de la forma más detallada. Los clientes agradecen todo tipo de detalle y además, estarán más tranquilos si saben que el material que está en su sitio está en regla.

Cobrar el trabajo

Todo el trabajo que hagas, debe estar en tu dominio. No me refiero en tu sitio sino, en tus servidores, en tu casa en donde sea. Que el cliente pueda ver, probar todo sin problemas, pero nunca subas nada a sus servidores sin recibir el pago.

El trabajo no está terminado hasta que no está pagado. Eso significa que no hay que entregar nada hasta que el cliente lo ha aprobado como tal, y se haya terminado todo. Luego se subirá. Los problemas empiezan cuando los freelancers entregan el trabajo y el cliente no les paga. El trabajo siempre se debe pagar antes de la entrega, diría que se parece al sistema de secuestro de personas.

Suele ocurrir, y dependiendo los acuerdos que tengas con el cliente, que los pagos se harán con una posteridad bastante larga, en todo caso, lo mejor es tener especificado todo en contrato. Recuerda, si no hay un contrato de por medio, la cosa no tiene reglas y puede pasar todo.

Notas finales

Espero que esta entrada les haya dado una pauta de como no sufrir siendo un diseñador independiente. Recuerden que esta profesión es como cualquier otra y los procesos nunca variarán demasiado. Ser independiente implica llevar y controlar todo el proceso por cuenta propia siendo tú el que valora, crea idea y persigue porque se cumplan todos puntos antes mencionados.

Siguiendo estos puntos y, agregándole tu toque personal, estoy seguro que tus trabajos mejorarán notablemente, en materia comunicación con el cliente y en materia de resultado visual.


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