Piercing en la lengua: lo que no tienes que hacer

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·08/22/2006

Hace dos días hablé sobre el piercing en la lengua, coincidiendo con un post de Rodrigo donde cuenta como se lo hizo. La gracia de esto fue que, en medio de los comentarios, Sergio publica una noticia del diario Clarín acerca de una joven que se aplicó un aro en la lengua y ahora no puede hablar. No podía caer peor la noticia sobre tal entrada blogueril, así que me fui corriendo al diario a leerla para ver con mis propios ojos como había pasado todo.

Una adolescente de 16 años que desoyó la recomendación de sus familiares y se colocó un piercing en la lengua, sufrió una inflamación en la zona y presenta dificultades para hablar, por lo que junto a su padre decidieron denunciar el caso en una comisaría de Rosario.

La nota comienza con la desobediencia de la joven. Mi recomendación en estos casos va más que a los jóvenes a sus padres para que averiguen sobre el tema de los piercings en la lengua. Negar o prohibir, no lleva más que este tipo de errores. Si el padre la hubiera acompañado en el proceso, seguro que esto no ocurría. Más adelante sabrán porqué.

En la presentación se deja constancia que se incumplió la normativa vigente del Código de Faltas provincial, que impide realizar este tipo de prácticas en menores que no están acompañados por un mayor o presenten autorización escrita de sus tutores.

En efecto, según vamos leyendo la nota, podemos enterarnos que el local donde practica este tipo de cosas dejó hacerse a la joven un piercing aún teniendo 16 años. Nada más lejos de la realidad, el local no era responsable. La joven mintió al padre, fue a otro local, donde le practicaron el aro y una persona de ese local se hizo cargo como si fuere un tío suyo y encima el aro no lo ha provisto el mismo local sino que fue un regalo de su amiga, vaya saber qué tipo de aro era. Ay, niños.

A la chica no le exigieron Documento Nacional de Identidad y, en la denuncia, se plantean otras anomalías: la higiene del local no era la adecuada y la persona que le perforó la lengua le recetó un anti-inflamatorio a pesar de no contar con certificado médico. El dueño del local fue citado a declarar por cometer el delito de “lesiones culposas”.

Aquí es donde entra el juego de la ignorancia o la ceguera juvenil: la chica, en vez de hablar con sus padres y pedirle ayuda para informarse a la hora de hacer un piercing se va por ahí. Pero eso no es todo, aquí entra en juego lo que yo os contaba: los medicamentos, los cuales sólo se recetan en casos excepcionales, de la mano de un médico calificado, claro. Pero esto me sorprendió, porque la gente que conozco que practica esto nunca receta medicamentos. Sólo asépticos de compra particular como es el Listerine o similares, pero medicamentos del tipo antibióticos, no. Y más sabiendo si esa chica es alérgica a algún tipo de medicamento y jugarse la vida no lo harían. Pero aquí no terminaron mis sospechas, incluso sin haber leído la segunda nota, detecté varias tonterías de la muchacha. Retornemos al primer párrafo:

Una adolescente de 16 años que desoyó la recomendación de sus familiares y se colocó un piercing en la lengua, sufrió una inflamación en la zona y presenta dificultades para hablar, por lo que junto a su padre decidieron denunciar el caso en una comisaría de Rosario

La inflamación es algo natural. ¡Qué esperan después de que le atraviesen con una aguja especial el centro de la lengua?. Puede durar, como he explicado, de 3-5 días dependiendo el organismo. Hay gente que al segundo día ya baja la inflamación. Pero detecto que, al no tener ni puta idea, esta chavala no se cuidó bien en los primeros dos días. Probablemente se lastimó más la lengua, fumando, bebiendo alcohol y no higienizándose la zona debidamente. O quizás, lo más realista sea, que la muchacha intentó ocultar el aro, comiendo sólidos los primeros dos días aumentando el movimiento y alterando el proceso, incluso, me da a pensar que fue la falta de asepsia fue un acelerante del hinchazón. Al tercer día debería tener la lengua hinchada y le ha entrado el pánico. Es ahí cuando decide llamar a su padre y para que no le echen bronca armó todo este embrollo con el local. Pero en la segunda nota, donde afirma el padre que la muchacha mintió sobre el lugar donde se lo hizo me entraron más dudas aún sobre el hecho:

Acompañada por una amiga, la menor se presentó el sábado en un local ubicado en peatonal Córdoba al 1100. Allí, previo pago de 20 pesos, concretó un viejo deseo: se colocó un “piercing” que le había obsequiado una compañera. Tres días después su familia advirtió que le costaba hablar y alimentarse. Así se dieron cuenta de lo sucedido.

La verdad no me cuela esto de entrada. Es lo que les comentaba: 20 pesos es un precio irrazonable para una barra que estará casi los 365 días del año en tu boca. Puede que sí costara eso. Aros hay muchos. De los baratos a patadas, pero son de mala calidad. Están fabricados como expliqué con más niveles de níquel y otros metales residuales que luego van a parar a nuestro organismo, produciendo las cosas que no nos gustaría tener. Los mejores aros y barras están hechos de de acero quirúrgico, titanio, platino, niobio, oro o PTFE.

A mí siempre me han recomendado los de acero quirúrgico, de muy buena calidad o los de Titanio, que ayudan más a la curación del asunto porque no tienen metales tóxicos, son más livianos. Pero son más caros, casi el doble o el triple que los de acero. En fin, que esta chica se debe haber puesto un aro cualquiera en la boca, además de no cuidársela.

3 días la chica no podía hablar bien y alimentarse. Los padres, en un ataque de desesperación, sumidos en la plena ignorancia del tema habrán pensado que su hija estaba padeciendo lo peor ya, pero dudo mucho eso. Por eso creo que se montó un pollo de la nada, por no tener idea lo que pasaba, por no consultar con profesionales o un mismo médico para que hiciera el seguimiento. Pero el plato está en la segunda nota. Hay un párrafo donde el dueño del local afectado (por la falsa acusación) explica que:

Acompañada por una amiga, la menor se presentó el sábado en un local ubicado en peatonal Córdoba al 1100. Allí, previo pago de 20 pesos, concretó un viejo deseo: se colocó un “piercing” que le había obsequiado una compañera. Tres días después su familia advirtió que le costaba hablar y alimentarse. Así se dieron cuenta de lo sucedido.

Hoy, el padre de Fernanda, Carlos Rodríguez, aclaró lo sucedido: «El local Enigma y su dueño no tienen absolutamente nada que ver y si bien mi hija faltó a la verdad, fue por presión de la persona que la acompañó a otro local y le regaló el piercing», informó el diario La Capital, de la ciudad de Rosario.

Y más no le puedo creer. Seguramente habrá visto más de uno entrar al local con esas intenciones. Recuerdo que los días que me quedaba en el local donde ponían piercings siempre caía gente que sacaba un aro del bolsillo o una barra de pésima calidad y pedía una rebaja de precio “porque ya llevaban el aro”. Nada más lejos de la realidad, les decían que no. Pero no para que el local le vendiera los suyos, sino porque es una irresponsabilidad colocar aros de dudosa procedencia y material. El colocador no tiene idea si es de metal puro, con niveles de níquel o cromo bajos. No dispone de materiales ni máquinas para analizarlos, por eso, el colocador sólo compra aros a proveedores que tienen material de excelente calidad probada, para evitar problemas.

Según explicó Rodríguez, esa misma persona le había dicho a su hija que “ante cualquier problema que tuviese apuntara a cualquier local menos a ese, porque había dejado sus datos personales”. Y agregó que el argumento esgrimido era que en el local donde se realizó el piercing «se había hecho pasar como su tío y, para no verse involucrado, le recalcó que no dijese que se había colocado el aro en ese local».

La misma Fernanda ahora admitió que en realidad se había colocado el piercing en un local de la Galería Independencia.

De esta forma, la timaron bien a esta chica. Si hubiera ido con el padre, esto seguramente no le pasaba.

En fin, la historia me hace acordar a un capítulo de House (por cierto, muy bueno), el médico ese tan famoso. Donde un niño por no decir que se había metido en una casa abandonada a fumar con sus amigos no pudieron descubrirle la enfermedad que lo afectaba. Esta chica, al mentir lo que hizo fue complicarla más, probablemente si iba un médico éste le indica que lo que le pasaba era normal, que si quería tener el aro tenía que cambiárselo por uno bueno, y no por uno que se lo ha regalado una amiga.

Niños, no sirve hacer esto, mejor, buscar apoyo de los padres, así no les timan de esta forma.


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