Me han robado: consejos para recuperar tu cartera y documentos

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·12/26/2005

Dios quiera que esto no le pase a nadie, pero suele ocurrir: que pierdas o te roben la cartera. No cabe describir cómo te roban –aunque nunca viene mal refrescarte la memoria– la cartera, pero sí pienso que es interesante que les cuente lo que me ha pasado hoy.

Navidad, burbujitas de cava en mi cabeza, alegrías y etcétera. Vuelvo a casa en metro y cuando salgo del vagón –oh, casualidad– me encuentro una cartera («billetera» como le dicen en Argentina) en los asientos de la estación. Estaba ahí, solita y sin dueño; miro a los costados y no observo a nadie cerca –estaba desierto el lugar– lo que induce a pensar que es fue cartera que la dejó un chorizo. Una vez en mis manos, abrirla y ver que saltaba a la vista que había un documento español ya me obligaba a recibir una responsabilidad: devolverla. Este proceso realmente es toca-cojones. No porque sea obligación, sino porque encontrar un medio de contacto para localizar al afectado es todo un milagro y eso ya me desanima.

Llego a casa y abro la cartera, no había dinero como de costumbre en estos casos, pero sí estaban todos los documentos. Me pongo a ver los papales que lleva, además de ver su DNI y saber que se llama Sergi, encuentro que no existe teléfonos donde localizarle. Peor, está casi toda su vida en ese accesorio de cuero: DNI, tarjeta de sanidad, póliza de moto, carnet de conducir, tarjetas del video-club, etc. Pero de teléfonos nada de nada. Ni un teléfono de Sergi a la vista, ni de nadie que parezca ser un allegado. Entonces, es aquí donde hay dos caminos: llamar a la policía, que pierdan un día o dos para localizar al cristiano y devolverle los documentos –si es que todavía no ha denunciado y cancelado miles de cosas– para que pueda volver a la vida normal; o bien buscar en Internet a ver si Sergi ha dejado alguna vez algún dato que dé algunas pistas de su paradero, como correo electrónico, teléfonos, etc. Como todo geek, escogemos la segunda. Pau y yo nos lanzamos a caza de datos en Google a ver que tal.

La primera búsqueda da cero resultados. Sergi no existe para Internet. Ni la más remota semejanza de él se encuentra en Internet. Mirando entre sus papeles, vemos que en la póliza sale su dirección la cual busco en el portal de Barcelona y veo que vive un poco lejos de casa para acercársela caminando, además de que ya eran las doce de la noche. Pau busca en Internet su dirección y sale un millar de cosas relacionadas con su dirección. No había nada certero, pongan que su dirección era calle acme 30, 1º 2ª, lo que lo complicaba más. Pero hete aquí, entre los resultados había un CV de una chica –muy guapa por cierto– que vivía en el mismo edificio de Sergi: en el 5º 1ª, así que llamo a su móvil para explicarle una historia medio rara de espionaje para que contactara con la gente del 1º 2ª. Llamo y nada, no me atiende, miro el CV y llamo al teléfono fijo. Me atiende un hombre mayor, y en catalán hablamos un buen rato sobre el tema. Explicarle a este señor cómo obtuve su teléfono, para qué lo llamaba y qué necesitaba de él para localizar a Sergi fue una experiencia graciosa. Este señor se pegó tremendo viaje-flipe-neng en 15 segundos. –ah, sí, ja entenc. –me decía con duda. Así que, le di mi teléfono para que el tal Sergi o quien sea de su familia me llamara. Al cabo de unos minutos me llama el padre de Sergi. Parece increíble, pero el tono de agradecimiento del padre me sorprendió, y me recordó aquél día que me robaron en Buenos Aires y como a las dos semanas una señora encontró mis documentos en la puerta de su casa, me llamó por teléfono y todo arreglado. Recuerdo que me volvía la sangre al cuerpo, que me ahorraba de hacer miles de colas de trámites, burocracia y un sistema decadente. Le agradecí como si me hubiera curado de una enfermedad chunga. Pues así fue.

Este suceso me abrió un paréntesis, el cual me viene al pelo para comentarlo al weblog y así poder explicar lo que hace una persona cuando se encuentra la documentación de alguien. Imagino que todos harán un procedimiento similar: buscar un teléfono del dueño o algo que parezca de su familia y como último recurso llevar la documentación a la policía. Esta anécdota sirve además para contar lo curioso de no existir en Internet, no tener ni rastro, ni correo disponible… eres nada. Por eso, mi recomendación no es para los que buscan a los dueños de los objetos perdidos, sino para los que todavía no les ha pasado.

Precavido How-to para tener una alegría anticipada

En el 95% de los casos que me he encontrado carteras –esto me ha pasado unas 7 veces– siempre encuentro los documentos, tarjetas… en fin todo. Parece que, después de todo, los ladrones tienen algo decencia y no se apropian de los documentos. Dejan la cartera para que alguien la encuentre. En ese instante, el que tenga tu cartera si es mogólico hará tonterías y se la quedará de premio, y quizás no se dé cuenta lo agradecido que estará su dueño con él si se la devuelve. Pero, si esta persona tiene un poco de conciencia, intentará por los medios más instantáneos localizarte por teléfono. Por ende: PON TU TELÉFONO en algún lugar. Parece idiota que tenga que escribir esto, pero nunca he encontrado teléfono del dueño en una cartera. Un papel blanco –suele pasar muy por alto para los cacos– basta. Un papelillo blanco que diga: “si has encontrado esta cartera puedes contactarme en TELÉFONOS, MAIL y en esta dirección” o lo que sea más factible. No está demás, dejar algún rastro por Internet. No digo que dejes tu teléfono móvil en cualquier sitio, pero un correo electrónico no viene nada mal para avisar cuanto antes.

Puesto todos estos recaudos, pueden salir tranquilos y, si tienen la mala suerte de perder la cartera o ser víctima de un ladrón con dedos hábiles, pueden respirar con un poco más de calma porque seguro alguien te va a llamar por teléfono para devolverte tu documentación. Ey, no olvides llamar a la policía, tampoco te confíes demasiado de la bondad de la gente.


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