Te llevo para que me lleves…

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·11/13/2004

Bueno, aquí les contaré otro relato verídico que me pasó un verano del año 2000. Estaba viviendo en Buenos Aires, totalmente solo, sin mis padres y hermanos que se habían ido de vacaciones.

Me levanto a las 8 AM, totalmente descolocado de no poder dormir bien en toda la noche. Hizo mucho calor y me levanté con unas ojeras del tamaño de un cruasán. Me meto en la ducha, me afeito y me preparaba para salir, todo fresquito… me sentía como nuevo. En mi habitación había caos, como siempre, así que tuve que revolver todo para encontrar la ropa del día que me quería poner…

Una vez equipado, mochila, walkman, casetes, salgo de casa en dirección a la esquina donde había una parada de colectivo (no una del 60 precisamente je je) 561. Mientras caminaba en dirección a la esquina de casa, iba mirando mi Palm y caminando en la dirección sin mirar, en eso una voz con tono desesperante me dice:

—Chica: ¡Hola! Me escapé del loquero, por favor ayudame me están buscando!

—Mini-d: wtf?!

Una preciosa chica morocha1, de unos 25-27 años, de aspecto normal (corte de pelo bien hecho piel blanca, cutis hecho, uñas en buen estado) se me presenta en camisón blanco desgastado que se transparentaba. A esa hora de la mañana, semi-dormido, con la cabeza puesta en las cosas del día, no caía lo que me había dicho la pobre chica. La chica tenía los brazos todos raspados, las manos también y presentaba un aspecto de haberlo pasado mal en los últimos dos días, pero a medida que pasaban los segundos, me iba dando cuenta de lo que estaba pasando…

Yo vivo a 200 metros o 2 manzanas o 2 cuadras de un psiquiátrico. Más que un psiquiátrico, parece una cárcel para mujeres con problemas mentales severos, pero muy severos. Tal es así que de las pocas veces que estuve ahí adentro (tienen un campo de fútbol que lo rentan a veces) se podían ver cosas realmente terroríficas, peor que los vídeos de Marilyn Manson.

Resulta que, luego de decir que se escapó del loquero2 la chica entró en un shock de desesperación y hablaba a mil kilómetros por hora, me mostraba su agenda y los miles de papeles que tenía y teléfonos y cosas tratándome de convencer de que no era una loca sino que la policía la cogió en la calle con una patrulla y se la dejó en el loquero.

Yo le dije que se tranquilizara, pero era casi inútil, estaba realmente exaltada por la adrenalina de escaparse y me decía que por favor la ayudara que la están buscando, así que le dije que venga a mi casa…

Una vez en casa, la dejé en el living (la sala de recepción) y sentada ahí en el sillón estaba abrazada a su agenda. Yo fui al baño a quitar ropa y cosas mías que había por ahí, así que, le llamé y le dije que se lavara las heridas. Pobre chica, se llamaba ni me acuerdo ya, pongámosle Laura.

Laura: —No sabés como te lo agradezco…

Mini-d: —De nada, no te preocupes… ¿Cómo fuiste a parar al loquero?

Laura: —No sé… recuerdo que fui con una amiga a una fiesta de la empresa, había tomado algo de más y salí con mis cosas, creo que me desmayé y me desperté en una sala con olor a formol…

Mini-d: —Que flash loca… pero, ¿cómo llegaste?

Laura: —El guardia del loquero me dijo que me trajo la policía. No sabés, perdí toda mi ropa, ahora tengo este camisón que me lo pusieron ahí, me sacaron la ropa, me dijo que me iba a quedar ahí por un tiempo… me sentía mareadísima… y noté que me pincharon con algo en el brazo…

Mini-d: —No me jodas, ¿enserio?

Laura: —No te jodo boludo, mirá… —mientras me apuntaba con sus manos semi-ensangrentadas las dos marcas que tenía— yo no me pico, no ando en esa, como mucho un porrito, pero no soy tan boluda para caer en esa… escuchame, te pido un favor más, no me llevás a capital que…

Mini-d: —No te preocupés, yo voy para capital, ¿A dónde tenés que ir?

Laura: —a la casa de mi madre.

Mini-d: —Che, desde cuando que estás ahí metida?

Laura: —No sabés boludo, ¡estuve desde el viernes ahí! Es una mierda ese lugar es de terror. Gritos por las noches, entran los de seguridad y les pegan a las mujeres que no paran de llorar o gritar como locas, además no pude dormir nada, entre la medicación y que venían y me tocaban o me molestaban no podía dormir. No comí nada tampoco porque me daba mucho asco todo… olor a orina por todos lados.

Mini-d: –que flash loca, esperá que te busco algo…

Mini-d: –Tomá comé esto (un cruasán)

Laura: –Gracias, che… por favor sacáme de acá cuanto antes plis…

Mini-d: —Esperá que llamo un remis

Al cabo de 5 minutos viene un remis, que para los que no saben, un remis es como un radio-taxi pero con la diferencia que los coches son particulares, de mejor calidad que los taxis y te cobran por trayecto o por lo que se le antoje al remisero (el conductor).

Nos subimos en el remis, ya el calor comenzaba a afectar y la chica se sube en la parte trasera quedándose semi agachada y con una paranoia que no vean. Me subo al remis y le digo al chofer que me lleve cagando leches a la estación de trenes. Por suerte el chofer me conocía así que miró un poco lo que pasaba en el asiento trasero y algo comprendió, me miró con cara de cómplice y gesticuló una leve sonrisa mientras salía a una velocidad nada habitual. En ese momento miré como ella iba agachada casi recostada en el asiento trasero del coche, mientras esperaba llegar a la estación, le extendí mi mano donde tenía el móvil abierto, —tomá llamá a quien quieras que deben estar recontra preocupados —le dije—, cogió el teléfono y marcó un número, habló con su madre unos 10 minutos y le dijo que yo (un chico) la estaba llevando a capital, mientras se escuchaban cada dos minutos las mismas frases: —es largo de contar, ya voy para allá. Cortó y me devolvió el teléfono.

Llegamos a la estación y así como llegamos yo estaba comprando dos boletos (boletos son billetes, tickets para viajar) a Plaza Constitución. No había mucha cola en las boleterías, sólo 3 personas recuerdo… los niños pobres al lado de la ventanilla esperando a que les des unas monedas del cambio de la compra eran el paisaje que todos los días miraba, así que como usualmente no me perjudicaba les dejaba las monedillas. Me doy vuelta y veo que la chica no estaba, yo estaba medio como shockeado y paranoico porque era probable que la policía buscara a esta chica y las estaciones de tren eran lugares ideales para revisar, así que comencé a caminar hacia los andenes para localizarla, me doy vuelta para mirarla y me doy cuenta que estaba contra una pared con las manos sujetando contra su pecho su bolsa transparente con sus papeles, agenda.

Enseguida llegó el tren y por mi cabeza pasaba una escena cómica: una mujer paranoica en camisón con chico paranoico vestido se escapaban de la ciudad… mientras viajábamos en el tren nos tuvimos que poner cerca de una de las puertas porque no había lugar para sentarnos, no hablamos nada. El viaje de la estación donde salimos hasta la estación Plaza Constitución hay unos 30 minutos. Una vez arribamos a la estación salimos corriendo junto con la multitud, aquí como que comenzábamos a respirar un poco porque, en cierta forma ya estábamos lejos de que la encontraran. Su camisón pasaba muy desapercibido entre tanta gente, así que, en otro acto de amabilidad me adelanté para comprar los pases de subte (subte es el metro). Mientras hacía la interminable cola, la chica estaba parada esperando en una columna, a un metro por mi espalda. Cuando terminé de comprar los pases, me di cuenta uqe no estaba. Aquí es donde comencé a delirar, la busqué por todos los pasillos, salí al Hall de la estación, la busqué por todos lados y nada. Me dirigí hacia los molinos para tomar el metro e iba pensando que todo lo que me había pasado era un delirio y que pena no poder decirle nada a esta chica.

Esperé el metro unos cinco minutos, una vez dentro del vagón me senté y procedí a esperar otros cinco largos minutos, reflexionando todavía lo ocurrido. Así que mientras intentaba volver a la realidad (que en 30 minutos estaría trabajando) seguía pensando cómo era aquella chica… se me había borrado su cara de mi cabeza, ya era como difícil recordarla. Cuando sonó la alarma de salida del subte, la chica aparece así con un tono jovial y una sonrisa en su cara… la reconocí por su camisón blanco con pequeñas florcillas azules, mi alegría no podía describirse.

Y así viajamos hablando un poco más de uno y del otro hasta la estación callao de la línea verde, donde agradeciéndomelo se separó de mi, caminó unos dos metros y se volvió… me miró y me dio un beso en la mejilla. El beso, algo que nunca me esperaba y es que era difícil pensar en una relación cuando intentabas reconstruir toda la historia, pero ese beso sólo tenía un sabor a premio, un beso en la mejilla, por rescatar a la princesa de los malvados, esos besos que aunque sean de mejilla rozan apenas los labios y te ponen a cien por hora en cuestión de segundos, ese fue mi premio. Cuando se cerró la puerta, una sonrisa de ternura y un repentino giro para salir de la estación se grabó en mi mente, ahí acababa la odisea del día.

Sabía que después de esto, nada emocionante pasaría ese día, en efecto, no pasó más nada. Llegué 40 minutos más tarde de lo usual al trabajo, pero llegué con una sensación de héroe que realmente nunca más experimenté. ¿Qué voy a decir ahora? ¡Que ayudé a escapar a una chica y que equivocadamente metieron en un manicomio? No, así que entré a al estudio y entre la desesperación de mis compañeros por algunas cosas que no estaban funcionando bien y otros desmanes del momento, como excusa de llegar tarde dije que me había quedado dormido…

Morocha

Mujer de piel blanca y pelo negro. una morena para los españoles.

Loquero

Así se le dice a cualquier lugar donde ocurren cosas de locos. También se utiliza para llamar despectivamente a los manicomios, psiquiátricos.


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