El 60

D·M·Lafuente·Scripsit·Date·10/09/2004

Siguiendo un poco los relatos de Fabrizio (que sin querer lo apodé Fabio [sí, no tomé nada raro ese día]) voy a relatar una cosa graciosa y deprimente a la vez que puede que, en muchos casos las interpreten como una jilipollez por parte de quien las hizo, pero da igual… lo pasado pisado como decían en mi barrio.

Para los que no están enterados de la jerga porteña, colectivo es un autobús y no un grupo de gente, pero es esencial que lo aclare porque sin querer comenzaré a escribir mucha jerga del lugar.

Fabrizio se queja del servicio de autobús, pero en realidad jamás podré disfrutar de las salvajadas que hacen los conductores aquí en Barcelona como las hacen en Buenos Aires. Una vez, cuando trabajaba en Buenos Aires, solía tomar todos los días el popular colectivo 60. Arriba del 60 he visto cosas inéditas, muchas fueron salvajadas, otras fueron tonterías, pero una de todas ellas fue graciosa y fuera de lo normal. Fue un día a las 9:30 de la mañana saliendo de la estación Constitución.

La Estación Constitución es un edificio grandísimo, donde se concentran muchas personas, es como una estación de Chamartin o Sants pero de peores condiciones (tampoco viene al caso), donde salen no sólo los trenes para mi casa sino también una veintena de autobuses a diferentes partes de la Capital Federal.

Ahí me tomé el 60, que vienen a piñón y en bandada, uno atrás del otro, estacionándose a 10 centímetros de distancia con respecto al anterior, donde hay al menos unas setenta personas desperdigadas esperando por subir formados en filas inexistentes. Una vez arriba, parado y agarrado a un pasamanos de metal comienza la travesía más loca hasta la Avenida Las Heras al 3300….

Quien nunca tuvo la oportunidad de viajar a Buenos Aires, y lo va a hacer, le recomiendo un viaje adrenalínico por esta línea. Los conductores van a saco y más en las horas pico. Doblan con una maestría increíble, aún si el colectivo está a petar de gente ellos van por ahí como si nada, corriendo una carrera contra un objetivo idiota, imposición de la empresa. Creo que ellos cobran por cantidad de recorridos y es por eso que van a saco. El tráfico en Buenos Aires -sobre todo en la Capital Federal- no es un buen ejemplo: es tan caótico como el de Madrid con la diferencia que estos colectiveros utilizan camiones Mercedes del año del copón, hechos de puro acero que meten miedo.

En el medio del trayecto, el colectivero intimida para que le dejen pasar. Esto es algo común a lo que muchos porteños usuarios de coches están acostumbrados. Esta vez le tocó a un taxista.

Otro comentario popular es la pica que existe entre los colectiveros y los taxistas. No sé porqué pero se tienen un odio mutuo terrible y el quid del asunto es esta historia, donde el colectivo 60 que me llevaba al trabajo entró en un frenesí y reventaba coches.

Subiendo por una calle que no recuerdo, el colectivo iba sorteando coches y motociclitas entre espacios milimétricos, todo esto a 30-60 KM/h y todo desemboca en un taxista que indebidamente le estaba jodiendo el paso, para qué…

El taxista estaba mal parado, digamos que en la esquina de tal calle, en posición diagonal tapando el 60% de la calle (el colectivo ya en dirección recta ocupa el 50), el taxista dejaba a una señorita tamaño XXL que tenía 4 bolsas de un shopping-center en una mano y la pobre señora obesa intentando salir del taxi colmaba la paciencia del colectivero (que tiene muy poca, 10 segundos para ser exacto).

‘Tonce, como es normal en Buenos Aires, a la mínima que se para comienzan los bocinazos y de los diez que se escuchaban el número once pertenecía al colectivero, que con su adiestrada garganta y su vasto diccionario sacó la cabeza por la ventana y escupió tres palabras de muerte a la pobre señora. El taxista para calmar los ánimos, hacía señas dentro del vehículo que obviamente no servían de nada… no sé porqué pero recuerdo que esta situación me daba risa, sí, risa interior y me dibujaba una en la cara. Yo estaba a un metro y medio del colectivero, podía verle la cara de bulldog por su retrovisor psicodélico y su expresión se acercaba a la de una persona que llevaba una hora esperando. Fue así que, en un arrebato de ira, el colectivero hizo marcha atrás la mole de 2 toneladas con 70 personas dentro y saliendo en primera marcha inviste a la parte trasera del taxi, apartándolo del camino, como cuando un niño patea un objeto que se encuentra a su paso, justo cuando la gorda se estaba bajando…

El colectivo siguió recto, imparable, el gesto de victoria del colectivo se veía reflejado en una leve sonrisita, mientras escupía insultos de los más variados para festejar su acto justiciero. La gente no se quejó porque creo que, hasta debían sentir un alivio de no retrazarse más tiempo y tratar de llegar cuanto antes. Así puede llegar a ser un recorrido del 60, así de pacífico, servicial y turístico.

Yo se lo recomiendo a cualquiera que busque adrenalina.

Para la próxima, les cuento como mataron a un ladrón a golpes dentro del coletivo en otra línea que viabaja.


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